El relato de quien ha tratado a pacientes con secuelas de bombitas

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“Hay momentos en que uno se tiene que retirar de enfrente del paciente para no llorar”, expresó Marvis Corro, jefa de la Sala de Quemados del Hospital del Niño.

Con todos los años de experiencia, a Corro muchas veces le es difícil enfrentase a casos de niños o niñas que llegan con diferentes tipos de quemaduras al hospital, entre estas, las ocasionadas por juegos pirotécnicos.

Ha convivido con menores de edad con quemaduras en gran parte del cuerpo o que llegaron a perder algún miembro, por lo que han pasado de ser niños sanos a niños con algún tipo de discapacidad.

Recordó que uno de los casos que más le ha impactado y que atendió cuando tenía cinco años de carrera fue el de dos hermanos que encontraron un pote de vidrio con pólvora del papá y como se acercaban las fiestas de fin de año y no tenían para comprar bombitas, inventaron hacerlas por su cuenta.

El final fue devastador, uno perdió la vista y el otro quedó con cicatrices, comentó.

La doctora contó que los niños llegaron con quemaduras de segundo y tercer grado y cortadas, pues al no resultarles el invento tiraron un fósforo al pote y este explotó, causándoles esas lesiones.

Es triste porque se trata de niños que tenían una vida por delante, indicó Corro, a quien le reconforta ver como a pesar del camino difícil que les ha tocado vivir a estos pequeños, muchos con el tiempo logran salir adelante.

Las cifras de 2011, cuando se registraron 29 casos, y del año pasado, con 24 niños quemados por este tipo de artefactos, dan prueba de que falta mucho más por hacer. La especialista considera que se requiere llevar adelante en el país una campaña activa de prevención de quemaduras.


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