Según las autoridades regionales del Mides, se consideran en riesgo social los jóvenes y niños de ambos sexos que no asisten a la escuela o desertan de las mismas, deambulan a deshoras, se dedican a la mendicidad, están ociosos, consumen bebidas alcohólicas u otro tipo de droga.
También están incluidos los que se evaden de sus hogares en los que conviven con sus padres o tutores, los que realizan labores dañinas para la salud o contrarias a las buenas costumbres.
También son considerados en riesgo los que se relacionan frecuentemente con personas de dudosa reputación, viven en sitios ocupados por viciosos, caen en redadas policiales con frecuencia, tienen marcadas limitaciones económicas y se sienten obligados a trabajar en la calle, los que viven con padres que no tienen medios lícitos de vida o los que pernoctan en las calles.
Cuando son tratados, a los adolescentes se les capacita en oficios técnicos, así como también en aspectos empresariales.