El caso de Jaime Ávila fue como sigue.
“Comienza como una necesidad desde que trabajé como vestuarista. El problema era que no había personal idóneo para maquillar ciertas obras (épocas). Al principio lo hice por mi propia cuenta y luego tomé cursos en varios lugares, como Sedeca de Panamá, con amigos maquilladores fabulosos. Tuve como maestro y director de Teatro a Edwin Cedeño. Esto me dio más seguridad y me atreví a trabajar en obras de épocas, que son muy difíciles para hacer la recreación, pero me encantan. Especialmente del siglo XVI hasta el XIX, y luego vienen los maquillajes de décadas que formaron parte de la historia de la moda y que siempre regresan”.
Desea crecer en este complejo mundo: “Aprender a maquillar para películas de alto standing ”.