Damasco aseguró que cesará las hostilidades y cooperará con la investigación que empezará sobre el supuesto ataque con armas químicas en la periferia de la capital, pero ya en 2012 salió a la luz el almacenamiento y potencial uso de este armamento por parte del régimen sirio.
En verano de 2012, el régimen de Bachar al Asad amenazó con recurrir a esas armas en caso de una intervención militar extranjera para frenar la represión contra los insurgentes, que libran una revuelta popular desde 2011.
La respuesta de Washington no se hizo esperar y el Pentágono instó en julio de 2012 a Damasco a proteger este arsenal y a no utilizarlo por la dimensión que podría alcanzar el conflicto.