Esta fue una final en la cual se esperaba un partido reñido por la calidad de los finalistas y así sucedió.
Desde el inicio, grandes jugadas se dibujaron en el tabloncillo. Las anotaciones de larga distancia no se hicieron esperar ni mucho menos la buena defensa. Ninguno de los dos conjuntos estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, porque eran conscientes que cualquier descuido podría costarle el campeonato por el que tanto habían luchado.
Al final, fue el Brader que se quedó con la victoria por tablero de 80-79 sobre el Episcopal San Cristóbal.
Fue una final digna de volverse a ver, en la que ambos equipos debieron sentirse orgullosos por brindar un espectáculo deportivo de principio a fin.