Se congregan en iglesias en California, centros comerciales en Hong Kong, vigilias en Bahrein y en páginas abiertas con premura en Facebook. Trabajadores filipinos en el exterior, incomunicados de sus familias, luego de que un tifón matase a miles y causase devastación en el país, se están uniendo para orar, intercambiar información y lanzar campañas de ayuda.
Sobre todo, muchos de los 10.5 millones de filipinos en el extranjero están llamando, sin obtener respuesta, a números telefónicos en el área azotada, donde las comunicaciones han sido cortadas. Con envíos de $21,400 millones al país solamente el año pasado, equivalente a casi 10% del producto interno bruto, los filipinos en el exterior son una parte vital del sistema económico nacional.