El relato de cómo se salvaron estas dos tortugas Cabezonas (Caguamas) indefensas de una muerte segura empieza con este turista que las vio en el jardín de un bar en la Isla Pequeña del Maíz, Nicaragua.
Las playas de Nicaragua son entre las pocas que las tortugas marinas visitan para salvaguardar sus huevos, utilizando a la arena como nido hasta que nazcan sus bebés. Hay quienes caen en la cruel tentación de aprovechar esos momentos y las capturan para vender su carne, huevos y casco. Ha llegado a proporciones donde están en riesgo de extinción y su caza ha sido declarado ilegal salvo algunos indígenas que cuentan con permiso.
Cuando Chris Skone-Roberts vio a estas tortugas de alrededor de 80 años de edad - esta especie está en peligro de extinción - amarradas y boca abajo, casi sin poder respirar en el jardín del bar, no tuvo que pensarlo mucho.
Se metió al jardín e intentó revivirlas, tirándole agua.
Llamó a la policía y en el ínterin solicitó el apoyo de más turistas.
Llegada la policía lo siguieron al jardín donde se apartaron mientras que una mujer repetía "pues págame". Una de las policías le contesta, mostrando un poco de carácter, que qué le va a pagar.
La policía permitió que los turistas se llevasen a las tortugas al mar mientras se escucha a la mujer decir "yo les dije el precio", aún reclamándole el dinero.