Casa tomada

Casa tomada
Casa tomada

La ficción tiene entre sus peligros el de hacer recordar al lector cosas que no ha vivido y no vivirá, tal vez, pero que si vive o empieza a vivir, le dará pistas para evitarse el sufrimiento de tal o cual personaje, seguirá las tramas para resolver el asunto. El lector mira sus circunstancias y tiene la sensación de que algo parecido ya ha ocurrido. Por eso al poder le parece que la lectura es peligrosa.

Dicho lo cual, entendemos, que los escritores pueden ser peligrosos. Si le dan la razón al gobernante de turno son patriotas y si no se la dan, son unos cobardes. Escribir y leer son entonces armas de doble filo. Como dice mi querido Emilio Lledó "lo escrito no sólo habla, también confunde". Por eso, necesitamos criterio, pero somos una sociedad cada vez más perezosa.

El cuento de Julio Cortázar "Casa tomada", publicado en el año 1946 (es muy corto, léanlo), encierra una gran metáfora. Describe lo que ocurre cuando no somos capaces de enfrentar las amenazas. Los hermanos protagonistas del cuento van cediendo su casa a los ruidos, a esas extrañas presencias que van copándolo todo hasta dejarles en la calle. Una inquietud contenida flota en la atmósfera de este cuento.

Sin criterio, los libros se convierten en un montón de hojas manchadas. El lector analfabeto (paradojas de la vida), lee y consume lecturas pero no consigue que esas herramientas se ciñan a su persona.

Piensa, con ingenuidad infantil, que el mundo es una fiesta. Volviendo a Lledó, la confusión que generan ciertos textos (véase la justificación del terror vía Libro), ha de resolverla el lector con criterio. El problema no es lo que se escribe, es como se lee.

Pero el escritor, también, ha de escribir con criterio. Conozco esas fórmulas tipo, "no pienso en mis lectores", "escribo en libertad", "me da igual lo que digan" y demás postureos literatoides. El escritor se enfrenta a sí mismo, claro, pero también a sus lectores, al criterio y a la crítica y será reclamado por la razón de lo que escribe. Somos responsables de nuestra obra, pero no somos responsables de cómo esa obra es leída.

Tiene que haber complicidad. Necesitamos lectores cómplices, valientes, lectores que se sumergen más allá de la belleza o la emoción y que buscan los rincones oscuros que iluminen su lectura y ensanchen su criterio. En esa complicidad, lector y escritor salen reforzados. Aunque eso no nos salve de muy malos libros.

"Casa tomada" es la historia de una renuncia, de una cobardía. ¿Por qué no enfrentan los ruidos? Si tanto amaban aquella casa como para ni siquiera casarse ¿cómo es que no son más valientes? La clave para mí se encuentra en esta frase: "Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar". "El sueño de la razón produce monstruos", pintó Goya. Si dejamos de pensar, si nos acomodamos, los ruidos, las simplezas calculadas por los entusiastas de la ignorancia, terminarán por hacernos abandonar la casa.

 En un último acto de resignación, dice el narrador: "Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla". ¿Lástima? "Es que tú no sabes las circunstancias, es que cada uno es libre de decidir lo que crea conveniente"? ya lo sé, respondo, pero lo cierto es que aquello que tenemos por valioso no podemos abandonarlo por unos ruidos, por terribles que sean, por unos rumores, por muy apocalípticos que se antojen. Aunque fueran nuestros peores monstruos, no debemos renunciar ni al criterio ni al análisis crítico.

 La casa nos representa. Somos lo único que tenemos. Si nos abandonamos habrá quien quiera habitarnos y hasta pensarnos. Por mucho que hayamos cerrado bien la puerta y tirado la llave a la alcantarilla. Por eso la ficción es peligrosa: previene el desalojo de las casas y evita que vengan los ruidos a echarnos.


Categoría
fecha edicion
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1002514
autor
Pedro Crenes Castro (Escritor) | @Pcrenes
Fecha y hora de publicación