¿Cómo definir la clase de políticos nuestros?

A guisa de inventario, en víspera del Año Nuevo 2016, intentamos ensayar una respuesta a una obligante pregunta: ¿Cómo definir la clase de políticos en nuestro Panamá de hoy, tras 112 años de vida republicana (1903-2015)? Veamos.

En tiempos pasados, la información acerca de la política y el comportamiento de los políticos (a esos que llamamos nuestros hombres y mujeres públicos), se difundía casi en su totalidad de modo oral y muy escasamente por escrito, a menudo subrepticiamente. Esto era así debido no solo a la ignorancia, sino también a que el control de la actividad pública era tema apenas posible para la letra de imprenta y, para conocerlo, era necesario saber leer y escribir, privilegio que estaba reservado a una escasa minoría de la población panameña. Empero, existen pruebas de que en las contadas ocasiones en las que la literatura referente a la acción política fue profusamente leída --a través de la prensa escrita sobre todo- no dejó de surtir efectos positivos.

...PODEMOS DISTINGUIR, CUANDO MENOS, TRES TIPOS IDEOLÓGICO-POLÍTICOS PRINCIPALES, A SABER: EL CONSERVADOR, EL REFORMADOR SOCIAL Y EL REVOLUCIONARIO.

Hoy día, la situación ha cambiado considerablemente respecto a los medios de comunicación: justo es reconocer que existe una mayor libertad de expresión, por la que aún se sigue luchando; la radio y la prensa escrita han mejorado notablemente, y la televisión, que para los políticos y los funcionarios es irresistible, ha favorecido --incluso al analfabeto total o funcional-- mediante la comunicación y aprendizaje audiovisual, en la toma de conciencia de la realidad nacional e internacional de manera increíble.

En Panamá, como en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, podemos distinguir, cuando menos, tres tipos ideológico-políticos principales, a saber: el conservador, el reformador social y el revolucionario. El conservador pone en primer lugar el statu quo y la revolución en el último, con el cambio social incluido renuentemente en segundo lugar. El reformador sitúa en primer lugar el cambio social y en el último pone el statu quo, con la revolución ocupando el lugar intermedio. El revolucionario, por supuesto, pone primero la revolución y como último el cambio social. Prefiere el statu quo al cambio social, por cuanto este último podría resistirse a la revolución, mientras el primero, cuanto más intolerable es, no puede hacer más que precipitarla.

...LA ALTERNATIVA ES EL CAMBIO DE LOS CONSERVADORES RETRÓGRADOS, REACCIONARIOS Y MIMÉTICOS CONOCIDOS, POR VERDADEROS REFORMADORES SOCIALES, NACIONALISTAS, CULTOS, HONESTOS, PROGRESISTAS Y DE PROBADA VOCACIÓN DE SACRIFICIO.

Valdría la pena preguntarnos entonces, ¿qué clase o tipo de político-ideológico de los anteriormente descritos conviene más a Panamá y a los panameños y panameñas? ¿Cuál de ellos predomina en la actualidad la fauna política vernácula? ¿Qué representan, en cambio, frente a los políticos del régimen militar y antes de 1968? El experimento político que significó el proceso de las elecciones de mayo de 1989, el cual giró en torno a un cambio de la autocracia a la democracia representativa y participativa, no satisfizo las expectativas del pueblo panameño en el plano de los hechos. Más bien; podría decirse, dado el deplorable estado de profundización de la crisis nacional, debido a la incapacidad del Gobierno "democrático" de la Alianza Civilista, el cual si bien puso orden en el manejo de las finanzas públicas, no pudo ir más allá de hablarle al pueblo de un supuesto proyecto de "reconstrucción y reconciliación nacionales".

Luego de producirse cinco elecciones nacionales más en democracia, después de 1989 (elecciones de 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014), los ciudadanos panameños, con más alto grado en la toma de conciencia, tenemos que enfrentarnos juntos, tanto a nuestro potencial de pueblo soberano, como a nuestra responsabilidad para usarlo con prudencia. A fin de cuentas, la alternativa es el cambio de los conservadores retrógrados, reaccionarios y miméticos conocidos, por verdaderos reformadores sociales, nacionalistas, cultos, honestos, progresistas y de probada vocación de sacrificio.

La patria, tanto vieja como nueva, nos prohíbe seguir la práctica de la improvisación; de elevar a la calidad de "gobernantes" a hombres y mujeres "oscuros", ineptos, abúlicos, irresponsables, y en algunos casos "ignorantes" y hasta "corruptos". No obstante, cabe formularse unas interrogantes más: ¿Tenemos la inteligencia y con ella la experiencia para que ese cambio se produzca? ¿Quién puede prever la evolución de la acción soberana de nuestro pueblo que clama "justicia igual para todos"?

*Pedagogo, escritor, diplomático.


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autor
Paulino Romero C.* (opinion@epasa.com) |
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