Desde su detención en enero de 2012 en Nueva Zelanda, el excéntrico empresario informático Kim Dotcom está atrapado en un laberinto legal de extradición a Estados Unidos por presunta piratería informática.
Un tribunal neozelandés, después de varios meses de retrasos, autorizó su extradición, decisión que ha sido apelada por la defensa, lo que augura un proceso largo y complejo que puede durar meses o incluso años.
El fundador del clausurado portal de almacenamiento y descargas Megaupload nació como Kim Schmitz el 21 de enero de 1974 en la ciudad alemana de Kiev, entonces en la Alemania Oriental, y también tiene por el lado materno la nacionalidad finlandesa.
El informático, de 2 metros y más de 130 kilos de peso, cambió el apellido a Dotcom en 2005 en honor a la tecnología que le había ayudado a amasar una fortuna y llevar una vida de lujo, mansiones y coches deportivos en Hong Kong o Nueva Zelanda, donde adquirió la residencia en 2010.
Dotcom también utilizó en el pasado seudónimos como Kim Jim Vestor o Kimble, en honor al personaje televisivo Richard Kimble de la serie "El fugitivo", nombre con el que aparentemente entró en su adolescencia a los portales de la Nasa, el Pentágono y Citibank.
Este empresario emprendedor carece de estudios universitarios pero estuvo detrás de diversos proyectos como la quebrada compañía de seguridad informática DataProtect.
Su nombre saltó a las portadas de los periódicos en enero de 2012 cuando fue detenido junto con tres de sus socios en la mansión que tenían alquilada en las afueras de la ciudad neozelandesa de Auckland.
En el operativo policial, orquestado por el FBI estadounidense contra la piratería informática y que supuso también detenciones en Estados Unidos y Europa, le confiscaron sus bienes y le congelaron sus cuentas.
Dotcom se ha visto envuelto desde entonces en un largo y complicado proceso en los tribunales que deben decidir sobre su extradición a Estados Unidos.
Las autoridades atribuyen a Megaupload haber provocado pérdidas de más de $500 millones a la industria del cine y de la música al transgredir los derechos de autor de compañías y obtener con ello unos beneficios de $175 millones.
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EFE / @PanamaAmerica
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