'1 potato, 2 potatoes, 3 potatoes, 4…'

Por: Redacción 30/09/2017

Así armonizaba la canción de cuna que nos murmuraba la profesora en aquella escuelita de jardín donde se asomaban los ñeques y jugueteaban oscilantes libélulas al alba en Diablo, Zona del Canal, seguido el estribillo por "five potatoes, six potatoes, seven potatoes, more…". De esa jocosa forma, las esponjas de nuestros cerebros infantiles absorbían la lengua de Shakespeare. Y es que, de chiripa, rarezura en una Zona del Canal donde la gran mayoría de sus habitantes provenían de estados con profundas raíces sureñas como Luisiana, Alabama y Mississippi, con su particular grotesco enunciado ("drawl"), la "teacher" era oriunda de la ciudad de Boise, en Idaho, el estado de las patatas, donde el inglés es neutro, sede de la casa matriz de la Compañía Panameña de Fuerza y Luz, Boise Cascade Company, donde prestaba servicios su marido.

Durante mis frecuentes conferencias exponiendo las virtudes turísticas, financieras y comerciales de Panamá en Europa, Norte y Sudamérica, una de mis primeras láminas esboza una silueta citadina sombreada por colosales modernos edificios, reiterando con explícito orgullo que se trata de la tercera ciudad con mayor número de rascacielos en el continente americano, más alta que cualquiera en Europa y justo detrás de Nueva York y Chicago. En ocasiones, un mortal irrumpe, "se parece mucho a Miami", a lo que de inmediato riposto: "la única diferencia es que en Panamá hablamos más inglés". Ello tal vez era cierto a mediados del siglo pasado, cuando existía la urgencia de comunicarnos con aquellos que compartían la tajada más próspera de nuestra tierra y con fascinación escudriñábamos al Coloso del Norte. Todo cambia con el golpe de Estado del 68, cuando el "torrijismo generacional", siguiendo el figurín cubano, invita a un particular modelo nacionalista, que si bien es cierto falta le hacía al ego istmeño, embrutece a su pueblo extirpando el inglés en una nación que se jactaba como el mejor expositor de la lengua universal en Latinoamérica en una denominada economía de servicios.

En mis frecuentes disertaciones a selectas asambleas universitarias istmeñas siempre puntualizo que dominar el inglés multiplica las rentas de los profesionales durante su vida útil, exponiéndoles a una genuina internacionalización aportando capítulos de servicios profesionales en empresas multinacionales en Panamá y allende, expandiendo sus horizontes, aportes y potenciales ingresos. ¡Nada diferencia más al ejecutivo bilingüe del hijo del dueño! Al celebrarse el miércoles pasado el Día Mundial del Turismo, la Organización Mundial del Turismo emitió un comunicado en el que se perfila que "el crecimiento mundial del sector será estable" mientras aquí absurdamente continuamos en una trayectoria negativa. La oleada de excusas es permanente, las pueriles acciones endémicas. Entiéndase bien que nuestro mayor mercado sigue siendo Norteamérica, en particular resultado de la destrucción masiva del Caribe por los recientes embates de huracanes.

La responsabilidad de las autoridades de Turismo es en el desarrollo y fértil crecimiento de ese segmento que ocupa la mayoría de los verdaderos turistas que visitan Panamá. Lastimosamente su máxima autoridad nos expresa en el programa televisivo Radar el domingo 17 de septiembre: "Panamá no es para turistas, es para los que quieran vivir una experiencia por sí solos. No tenemos guías ni grandes exhibiciones". Amén de dispensar una tosca bofetada a miles de guías profesionales, posteriormente emitiendo a guisa de excusa un frío comunicado el 25 de septiembre, debemos precisar al presidente, tal cual exigimos a los guías un examen de conocimientos generales, que los regentes del turismo mínimo dominen el inglés para poder comunicarse efectivamente con ese mercado cautivo y conocer al dedillo el tema para así maximizar la potencialidad de nuestra oferta. Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios.

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