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2012 y mis sanos propósitos


Metas: Superar la indiferencia por los problemas nacionales. No puede ser cierto que un puñado de hombres y de mujeres nos preocupemos, al límite del afán y de la frustración, por los problemas del país y que un montón de indiferentes se crucen de brazos en clara actitud de leseferistas impasibles. Se excluyen a las grandes mayorías marginadas, a nuestra pobre gente pobre, que necesita que alguien piense, haga y pelee por ellos.

No se descartan a los que llamándose “intelectuales” o “dotados” o tal vez “iluminados” vivan ajenos a las realidades del país y que transiten por el territorio nacional convencidos que viven en un país de “las mil maravillas”. Tampoco se excluyen a los académicos, a esos hombres y mujeres que en las aulas universitarias “en mágicas e ilusas fórmulas”, que emergen, según ellos, de “análisis concretos de la situación concreta”, resuelven todos los problemas de la nación. En un abrir y cerrar de ojos todo lo componen, lo recomponen y arrancan sus “análisis” de la vieja y desgastada expresión “si yo fuera ministro o director de tal o cual despacho”. Identificarnos más con los pobres y desamparados. Lo dijo Jesús: Pensad siempre en los pobres. El pensamiento nos lleva a la identificación y ésta a la acción.

No podemos ser extraños o raros al contemplar el dolor, los padecimientos, los traumas y frustraciones, las necesidades de los pobres. Compartir, lo mucho o lo poco. Tengo y tenemos que aprender a compartir. No dar lo que nos sobra, sino de lo que tenemos. Se dice que hay quienes sin tener nada dan mucho. Dan cariño, dan amor, solidaridad constante. Con amor, dice el apóstol Pablo, “se ganan las almas” y también la nuestra recibe bendiciones.

Ser más comprensivos y tolerantes. La intolerancia es el pecado de las almas frustradas y opacas. La incomprensión es el fruto de las almas miserables que se autodefinen ser entes aislados y casi perfectos. Según ellos, no tienen que comprender a nadie porque a ellos “nadie los comprende”. Esto es egoísmo elevado al endiosamiento.

Quiero saludar con abrazos a mis congéneres. Tanto bien hace un abrazo efusivo y cálido. Quiero, junto al abrazo, sonreírles. Un abrazo sincero puede salvar a una vida del suicidio y sembrar en las almas pobres aliento de vida. Más tiempo para el hogar, los hijos, mi esposa. La familia sigue siendo, no podrán acabar con este concepto, la célula fundamental de la sociedad. Nunca parar de estudiar. Ser más cristianos y menos cretinos. Metas terribles éstas, difíciles tal vez, pero no imposibles. Dios me ayude y nos ayude. ¡Feliz Año 2012!

Abogado.