2013: ¡despierta, Panamá!
Un año más y otro cambio de folio. Creemos, algunos, que Panamá, de algún modo con bochornosa invasión yanqui incluida, al rechazar la dictadura hace más de 20 años, se estaba subiendo al barco de la civilización para decirle adiós a esa añeja estela de ingobernabilidad y saludar a la cultura del respeto en la que todos valemos lo mismo y donde no hay billetera que aplaque los valores e ideas.
¿Sería ingenuo soñar un país elegante, de personas que se avergüencen del mal gusto por la corrupción y prepotencia, de tipos que se tapen la boca antes de predicar que valen tanto como sus cuentas corrientes?
Este 2013, ¿sería irrisorio discutir acerca de la salud con la exaltación de los que no podemos ver la vida como un mero negocio, y de la educación con el convencimiento de que nacemos iguales y con el derecho a no terminar pateando piedras?
Pese a todo, hoy existe una ética extraña en este país que mueve a pensar que las cosas pueden andar peor o mejor –los soberbios resultados macroeconómicos avalan–, lo que nos echa encima la obligación de luchar por este pequeño paraíso. No es que se piense a tal paraíso como la más completa de las felicidades, ni imaginarlo pletórico en nubes y rosas. Por el contrario, aquí también manchan los barriales, albergamos lagunas de pecados y también crecen malezas.
Pero lea. El MEF asegura que durante los primeros 9 meses de 2012, la economía de Panamá creció 10.7%, lo que demuestra un crecimiento robusto de manera sostenible, promediando 8.4% anual durante los últimos 8 años. Los niveles de desempleo se redujeron de 6.6% en 2009, a 4.0% en agosto de 2012, y desde el noveno mes de 2009 a la fecha, se crearon 180,338 nuevos puestos de trabajo.
Todavía más. Panamá mejoró 9 puestos en el Reporte de Competitividad Global, posicionándose como la 2da economía más competitiva de Latinoamérica y N° 40 a nivel mundial. Porque si se confundieron, aún hay un último resquicio para demostrar que esta es una nación de ridículos contrastes, pero a la vez pujante.