2019: candidaturas e intenciones
Panamá necesita que en las elecciones generales de 2019, se postule un nutrido destacamento de ciudadanos cuya única motivación sea el anhelo de servir a nuestra patria (en especial, trabajar para propiciarle vida digna a la población menos favorecida).
Hagamos una pausa para auto-preguntarnos: ¿por muchos años, qué porcentaje de las personas electas (o nombradas en altos puestos) tomaron la decisión de ver en sus curules una trinchera para procurar que lo justo sea más fuerte, y lo fuerte más justo?
Además de escuchar pacientemente a nuestros abuelos, hemos visto durante más de seis décadas, que muchos panameños de distintos estratos económico-sociales han considerado como un buen negocio lanzarse como candidatos a…(en lugar de ver en esta decisión, la posibilidad /u oportunidad/ de cumplir una patriótica y justa misión).
Muy poco cambiará en Panamá (para bien), si su población no se esfuerza por lograr que se conviertan en mayoría los ciudadanos que se postulen como candidatos a presidente, diputado, representante o concejal, con el deseo de procurar mejores días para todos sus conciudadanos.
Por lo sorprendente de los giros y fenómenos que pudiesen empañar o dañar el noble, positivo y democrático carácter de este genuino ejercicio democrático, debiésemos formular nuevas reglas. Por ejemplo: que la revocatoria de mandato sea determinada por los electores y no por los partidos “políticos”.
Elegir o nombrar panameños que no consideren como un negocio (o posible fuente de enriquecimiento) el hecho de ocupar un puesto público al ser elegido por una cantidad de votos, emitidos en elecciones populares. O al ser nombrado en una institución gubernamental.
Precisamente, en la víspera de una elección, un joven que se estaba “lanzando” para representante de corregimiento se expresaba así: “primero voy a ser representante de corregimiento, después: concejal, alcalde, diputado y (finalmente) presidente.
Él hablaba como si estuviera describiendo la trayectoria exitosa y ascendente de un negocio (parangonando: primero vendedor ambulante, luego buhonero, luego dueño de una tienda, de un supermercado, de una cadena de empresas…).
Por otro lado, hace tiempo, un candidato a l e g i s l a d o r conversaba con potenciales electores de una comunidad saturada de necesidades y escaseces.
Al ser consultado sobre sus propósitos, en la eventualidad de resultar electo, hizo mención de varias ejecutorias en beneficio de la comunidad nacional y local. Un elector preguntó sorprendido y en voz alta “¡no me digas que tú no vas a robar!”
La pequeña anécdota demuestra que, aparentemente, en el interior de muchas personas, priva o habita el convencimiento según el que, la conducta normal/esperada/aceptable y fundamental de un panameño que logre ocupar un puesto por decisión de los electores es: idear (o aceptar) diversas estrategias dirigidas a apropiarse indebidamente de recursos del país y de sus habitantes (incluidos aquellos que, con su voto, le concedieron el honor de ascender a ese sitial).
Delito es delito, en cualquiera de sus formas, métodos y circunstancias. Sin embargo, dirijo un mensaje a la olvidada conciencia que mora en aquellos que delinquen utilizando métodos sofisticados, cuya detección es casi imposible:
El delincuente que lleva a cabo un asalto o robo, utilizando determinado nivel de violencia y en el que el ejecutor del delito contempla la alternativa de causarle la muerte instantánea a la víctima si -según él- fuese “necesario”.
Sin embargo desde su empresa y/o desde la oficina de una institución, los delincuentes de cuello blanco, saco y corbata:
-Someten a miles de panameños humildes, a un doloroso proceso de escaseces, que los hacen viajar hacia una de las más lentas y sufridas muertes: la que es producida por hambre, desnutrición e inanición.
-No formulan, ni presentan leyes (rol para el que fueron elegidos) en beneficio del colectivo o de la comunidad que lo eligió.
-Condenan a una vida miserable a ciudadanos humildes.
-Impiden una mejor distribución de las riquezas.
-Cometen hurto utilizando pantallas de supuestas ayudas masivas, en las que cada uno de los miles de “beneficiarios” reciben el 1 o (si acaso) el 10 por ciento del monto global.
-“Nombran” en puestos a personas necesitadas, pero usurpan /cada quincena/ la mitad o más de ese “salario”
-Mantienen complicidad aceptando sobrecostos injustificados en determinadas obras o adquisiciones.
-Como funcionarios del Estado, aceptan la utilización de la figura de “licitaciones abreviadas” cuando los casos no lo ameritan (nota: solo se puede (debe) utilizar (aplicar) en temas /situaciones, necesidades/ de urgencia o de beneficio social.
-Otros.
Grande es la tarea y corto es el tiempo. Es necesario que los ciudadanos se involucren en la misión de conformar, engendrar y dar seguimiento a esperanzadoras alternativas para bien de Panamá y sus hijos.
Menos de año y medio nos separan de las elecciones de mayo de 2019. Nos embarga la esperanza que alcanza los límites cercanos a la certeza y al optimismo bien fundamentado, en torno a que:
Entre los miles de candidatos a distintos puestos de elección, constituirá una aventajada mayoría, aquellos panameños dispuestos a promover su candidatura con y por el anhelo de servirle a la patria (y no de servirse de ella).
Comunicador social