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4 horas sin luz


REDACCION / PANAMA AMERICA

La pesadilla urbana que sufrió el país por la súbita suspensión de energía eléctrica obliga no solamente a la investigación de las causas coyunturales del trastorno sino al inicio de la revisión a fondo del sistema de generación, transmisión, y distribución de energía eléctrica.

Debemos hacerlo porque no resulta recomendable que el país se paralice de un momento a otro, sin previa notificación, por la suspensión del suministro de energía eléctrica. El inesperado apagón dejó gente con los nervios crispados por estar encerrada en los elevadores de edificios públicos y privados que carecen de plantas generadoras alternas; eliminó los semáforos, desencadenando cruces temerarios de vehículos; provocó ventas aceleradas de combustible; cortó las operaciones de cajas registradoras afectando bancos, supermercados, tiendas comerciales; racionó o cesó el abastecimiento y consumo de agua potable, alimentando compras desmesuradas de agua potable.

En resumen, el repentino apagón ocasionó una multiplicidad de situaciones anómalas desde Chiriquí hasta Chepo, que no debieran repetirse por su incidencia negativa en la vida cotidiana y en la actividad económica.

En esa dirección, después de la campanada de alarma del pasado martes 26, quizás lo sensato es reflexionar sobre un plan energético de largo plazo, para obtener fuentes alternativas de generación y distribución que garanticen la estabilidad del suministro y de los costos de venta, así como también la modernización de las redes del transporte y sistemas de distribución.

La Autoridad Nacional de los Servicios Públicos trabaja en el mejoramiento del abastecimiento energético y, por tanto, debe corresponderle la convocatoria de la planificación para determinar qué debe hacer Panamá en la esfera de generación y distribución; qué debe modificarse en el modelo de venta ocasional de energía para impedir el aumento del precio; qué fuentes de generación alternativa a la hídrica y a la térmica se debe considerar en el horizonte del futuro.

No somos el único país que afronta el reto de la energía, ni el único que padece apagones. Desde que la Opep inició la escalada de precios del barril de petróleo, los países que no tienen yacimientos de energía fósil o los tienen en forma insuficiente o restringen su consumo por motivos estratégicos, están en crisis.

Panamá posee una rica cuenca hidrográfica para emplearla en centrales hidroeléctricas. Fortuna, Bayano, La Estrella y los Valles fueron la primera respuesta en generación de energía producida por embalse de agua. Con el tiempo se ha utilizado energía térmica para complementar la hidroeléctrica cuando la curva de la demanda energética así lo requiere.

Pero la tecnología generadora internacional cubre ahora más fuentes alternativas a la hídrica y la térmica, vale decir plantas de energía radiactiva, carbón, petróleo, gas, eólicas, solares fotovoltaicas, mareomotrices que recurren al flujo y reflujo de las mareas como generadores de energía. Ya debemos subirnos al carro de la tecnología moderna de energía alternativa, para estudiar y definir cuál de estas fuerzas supletorias puede ser la más adecuada a nuestras necesidades en el contexto medioambiental y económico del país.

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Viernes 14 de agosto de 2026