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48 meses por delante


No sería justo fijar la mirada solamente en los 12 meses que han transcurrido desde que Ricardo Martinelli asumió el solio presidencial y enumerar, como si fuese un inventario, los aciertos y desaciertos de su gobierno. La mirada al retrovisor debe ser complementada con lo que verdaderamente determina las posibilidades de todo gobierno: su apertura hacia adelante, su proyección hacia el futuro. El buen gobierno ha de medirse también por el estado de la esperanza, por la buena salud de los sueños y motivaciones que movieron a los votantes a escoger la alternativa que representó “el Cambio” el día de las urnas. Si se estima que hoy es más sólida que antes esa visión objetivo que da sentido al ejercicio de la autoridad, entonces la cosecha del primer año habrá sido buena. Si, por el contrario, el cinismo y el acomodo, son los resortes que explican las acciones de gobierno; si las consignas de campaña ya nadie las pronuncia porque mueven a risa, entonces habrá que concluir que los números de la contabilidad política están en rojo. Cada uno sacará sus conclusiones; lo que ninguno debe pasar por alto es que, más allá de las sensaciones –de placer o malestar- que le provoca el primer aniversario de la conducción política de Martinelli, los días de su gobierno están contados, y no son pocos. Quizás su principal activo político sea precisamente el tiempo que tiene por delante, pues hay que conceder que los primeros 12 no se verían muy bien aislados del período completo.