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Abanderando a la patria


Silvio Guerra Morales (opinion@epasa.com) / Abogado

Él nunca fue un buen estudiante en la primaria. Sus primeros seis años de escolaridad pudieron verse nublados por las malas notas que, generalmente, nunca pasaron del tres con tres y, de modo excepcional, un tres con cinco. Ello no significaba que el chiquillo fuera un niño bruto o de escasa inteligencia. Esta es una verdad que no pocos educadores deben comprender.

Suelen marginar a los estudiantes que presentan bajas calificaciones y los hacen víctimas de una injusta presión que, también se da en los hogares, por parte de sus progenitores, a fin de que el niño traiga a casa, siempre, buenas notas y cuando no, hay un castigo corporal que los hace más tercos y rebeldes que dispuestos a cooperar en el aprendizaje.

El niño de nuestra historia, al menos, nunca recibió una paliza de sus padres por sus malas notas. Su desarrollo escolar fue, prácticamente, por generación espontánea. Sin embargo, el chiquillo fue aprendiendo, tras las decepcionantes calificaciones, que por ese rumbo no iría a ningún lado. Llegado a la secundaria, logro inmenso entre lo pobres de mi época, dispuesto a conquistar la sabiduría y el conocimiento que emana de los libros, aquella criatura recibió una gran decepción: en el primer bimestre, al culminar, el profesor consejero indicó que leería el nombre de los estudiantes que integraban el cuadro de honor.

De pronto no tenía ni idea remota qué significaba ser miembro del cuadro de honor de un colegio, cosa que vino a descubrir cuando al final de la lectura de los nombres, e inquieto, indagó a sus compañeros qué importancia tenía aquello. La respuesta fue tajante: “Son todos los niños que tienen promedio por arriba del cuatro con dos”. El del mozuelo apenas llegaba a un tres con cinco. Ante aquella información, se le acercó Pinto, otro muchacho excluido y con más bajas calificaciones que él y quien como instrumento de Dios, le dijo: “Hagamos un pacto, sea esto un reto.

Que el próximo bimestre ambos estaremos en el cuadro de honor del colegio”. Lo recibió como lo que era, un pacto y un reto, no lo pudo ver de otra manera. Entendió que había que esforzarse, estudiar, consagrarse, disciplinarse, más estudio, menos juego y cambiar la forma de pensar y de ver las cosas. Suspirando y creyendo en la propuesta dijo: “Pactado, acepto el reto!”.

Culminó el segundo bimestre, otra vez apareció aquel viejo profesor, de tez morena, consejero y profesor de inglés, adusto y regio, anunciando: “Leeremos los nombres de los que están en el cuadro de honor”.

Empezó la lectura, lenta, a veces con miradas de sorpresa y en otras de censura y de tristeza. En la lista de siete estudiantes, allí, ocupando la cuarta posición se encontraba el mozuelo que había aceptado la desafiante propuesta de Pinto. Pero, amén de la alegría del muchacho, también hubo, de pronto, una mirada de pena hacia su compañero, aquél que había lanzado el reto. Pinto no aparecía en la lista.

Se mantuvo, no claudicó jamás, y al llegar a sexto año, merced a sus esfuerzos, un 27 de octubre, en el Día del Estudiante, fue designado “director del colegio”, y al graduarse, recibió su diploma de bachillerato ocupando el primer puesto de honor.

¡Vaya! Todo lo que los niños y nuestros adolescentes requieren es un acicate, un impulso, un reto, que los anime, los aliente, anunciándoles que en la vida, siempre, a cada paso que demos, habrá un escollo, un reto que superar. Para alcanzar el éxito, la prosperidad, el progreso, solo se imponen condiciones mínimas: Se requiere creer, querer, desear y perseguir un sueño. Un 3 y 4 de Noviembre, en los desfiles patrios, allí estaba aquel muchacho, de presencia delgada y larguirucha, portando la Bandera Nacional, empinado en el sentimiento puro del patriotismo, con fervor de Patria!

El muchacho siguió estudiando hasta llegar a ser un valioso profesional. Hoy, cuando vuelve la mirada atrás, entiende que el estudio es la mejor herramienta de la que puede hacerse el pobre para superar los estados marginales de la pobreza y del espíritu.

Abogado.

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Lunes 17 de agosto de 2026