Abstraccionismo o realidad en política
Los resortes del poder habrán de ser muy atractivos y seductores. Si existen tantas personas que se alistan, en afanosa carrera por el poder político, sin exclusión de ninguna clase social, abolengo, procedencia religiosa, etc., insisto, habrá de ser que gobernar o estar al lado del poder o de quienes gobiernan debe brindar muy buenos réditos o posibilitar cosas muy buenas.
QUIENES GOBIERNAN O DIRIGEN EL APARATO ESTATAL SE VEN, CASI SIEMPRE, COMPELIDOS A CONCEDER O ACCEDER A LO SOLICITADO. SE VEN ATRAPADOS, EL PROPIO PODER POR OTROS PODERES: ECONÓMICOS O EMPRESARIALES, SOCIALES, RELIGIOSOS, SINDICALES, EN FIN.
En lo primero que se piensa es que quienes están en el poder político, ejerciéndolo, o quienes se ponen al lado de ese poder, los amigos del poder, es porque reciben favores, prebendas, beneficios económicos y con ello amasan fortunas asombrosas. Trafican relaciones de poder, mueven el engranaje gubernamental, exigen que los resultados de licitaciones, concesiones, etc., sean en provecho de ellos o de sus afines. Pero, por otra parte, quienes gobiernan o dirigen el aparato estatal se ven, casi siempre, compelidos a conceder o acceder a lo solicitado. Ello como consecuencia de las alianzas de poder, de los acuerdos políticos, entendimientos, etc. Se ven atrapados, suena interesante, el propio poder por otros poderes: económicos o empresariales, sociales, religiosos, sindicales, en fin.
En algunas naciones ha acontecido que el poder político se ha visto capturado, prisionero, de redes macrocriminales que ejercen sus actividades delictivas bajo el auspicio o bajo el paraguas del poder. Ello, al final de cuentas, termina con la caída de esos gobernantes.
Y no podemos dejar por fuera a los donantes. ¿Quién dona una fuerte cantidad de dinero y cuando su petente (el peticionario) llega al poder no piensa en solicitar algo a cambio? Quiere lo que donó y mucho más. El erario se convierte en una especie de teta con leche exquisita, de primera, grado “A” ¿Qué queremos indicar con lo anterior. Que es imposible que no haya corrupción en el poder político o que es imposible desarraigarla? Que un presidente puede tener la mejor buena voluntad de querer hacer las cosas bien, pero que termina casi siempre cooptado, atrapado por los que viven de las mieses del poder.
Se piensa en presidentes o presidentas de carácter, de autoridad, de temple real, que dirijan las cosas pensando en el mejor bien posible para las grandes mayorías nacionales. En Costa Rica, a nivel popular, la presidenta de ese país tiene una crisis de credibilidad –cerca del 20% de credibilidad popular- y, me impresionaba, que también a nivel popular no sean pocos los parroquianos que exigen un presidente para ese país tipo Martinelli. Y digo que me impresionaba, dado que en Panamá muchas son las voces que detractan al mandatario Martinelli y en otras latitudes lo exaltan como un hombre de verdadero temple popular.
No obstante de lo anterior, es importante que los panameños y las panameñas conozcamos qué es lo que realmente conviene al país. ¿Convienen las mentiras o convienen las promesas que no se cumplen? A mi juicio, convienen las promesas que se cumplen. Faltan, sin embargo, cosas indispensables: canasta básica –precaria y cada día más inalcanzable-, educación –al garete-, transporte –al parecer por resolverse-, justicia –colapsada por una división perversa e incomprensible a nivel de la más alta magistratura, incoherente, egoísta-, salud –postrada y miserable, diezmada por muertes que nunca debieron darse-, en fin.
Ningún político, al menos de los que se presentan a diario en la palestra, niega que el actual gobierno ha sido un gobierno de obras. Inadmitirlo sería desconocer realidades. Ahora han acudido al argumento del resquebrajamiento de la institucionalidad democrática del país por parte del Gobierno. No creo que por ahí vaya la cosa. A la oposición le faltan argumentos más contundentes: A mi juicio se requiere decirle al pueblo qué es lo que le darás y que no le haya sido dado. Al final de cuentas, los pueblos se debaten, cosa que nunca ha cambiado en tiempos electorales, en ofertas o propuestas electorales. No hablen del resquebrajamiento de la institucionalidad del país, eso el pueblo no lo entiende, hablen de cómo fortalecerla.
Queda abierto el debate. Un debate que debe caracterizarse por la objetividad, la seriedad y libre de apasionamientos. Un debate frente a realidades y no sujeto al argumento de la inquina o de la perversión. De la crítica por la mera crítica. Se trata de aportar. De sugerir. Pero, en otro orden, al oficialismo le queda una carta por jugarse y ya, en alguna entrega, me referí a ella: que su candidato presidencial no tiene antecedentes. Puede ser bueno y puede ser malo. Bueno porque dice “querer seguir con los cambios, que vienen más cambios”, pero malo por su inexperiencia.