Acción ciudadana y ambiente
En países ordenados, la sociedad civil y el gobierno de turno se encargan de liderar la compleja misión de proteger, conservar y canalizar el aprovechamiento de los recursos naturales y del ambiente, así como aplicar y hacer cumplir las legislaciones y un conjunto de medidas estratégicas para condicionar y determinar el interés y alcance del sector público y privado. El complemento a esta dinámica se logra con la apertura de espacios de participación, en donde el aporte social se constituye en eje transversal.
El consenso en políticas ambientales busca el equilibrio en los variados ecosistemas para que los diversos actores encuentren la sinergia en la sostenibilidad ambiental, para un mejor entendimiento y convivencia entre las diferentes especies que habitamos este planeta. El ser humano es el que menos protege el ambiente y es el más vulnerable a las repercusiones de los cambios habituales por las acciones antropogénicas.
La participación ciudadana se inserta en nuestro medio gracias a los aportes interculturales de sociedades maduras y es retomada por instituciones públicas y particulares que promueven una mentalidad conservacionista de la biodiversidad, a través de la mitigación del cambio climático, con el propósito de compartir conocimiento y responsabilidades con la sociedad civil y demás protagonistas interesados.
Como propósito del tecnicismo institucional, procura actualizar y fortalecer mecanismos y capacidades para gestionar y monitorear los programas ambientales de los diversos sectores, para luego definir las políticas, proyectos y acciones amigables con el ambiente, sin comprometer lo poco que le podríamos heredar a las próximas generaciones, en materia de recursos naturales, antes de que sea demasiado tarde. Cada día que transcurre, los indicios son críticos y nos brindan un escenario cada vez más sombrío.
Un nuevo ideario ha de surgir, con los grupos de bases comunitarias, para consolidar una mejor estrategia hacia un cambio en los patrones de conducta, donde fluyan las diversas corrientes del pensamiento humano, enfocadas a converger en el renacer de una nueva cultural ambiental, apegada a valores de conservación, donde impere la consideración por un patrimonio privilegiado que nos brinda la naturaleza para el disfrute de la vida; procurando siempre la sostenibilidad entre la flora, fauna y sus respectivos ecosistemas y velar por el profesionalismo de las autoridades y el aporte de la participación ciudadana en la protección del ambiente.