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Aceptemos lo irremediable

Por: Redacción 17/10/2015

Monseñor, hace tres años murió  mi  marido. Llevábamos de casados 42 años. Me siento cada vez más desconsolada y triste. Mis tres hijos y mis nietos vienen a verme alguna vez al mes, pero ni ellos me causan alegría.

Vivo con una señora que  más que empleada es como  mi  hermana y me sirve en todo. Mis hermanos viven en los Estados Unidos y pocas veces nos vemos. Esta tristeza me empezó al poco tiempo de morir  mi  esposo. Estuvimos toda una vida juntos.

NO PUEDE SEGUIR VIVIENDO APEGADA Y DEPENDIENTE DE ALGUIEN QUE AL CUMPLIR SU MISIÓN HISTÓRICA PARTIÓ DE AQUÍ   Y ESTÁ SITUADO EN OTRA DIMENSIÓN ESPIRITUAL Y QUE NO QUIERE QUE USTED ESTÉ PENSANDO EN ÉL COMO SI FUERA UN DIOS.

Él era la razón de  mi  vida. Era un hombre alegre y trabajador. Intentaba complacerme en todo lo que podía. Yo le perdoné una aventura que tuvo y de la cual nació un hijo. Él se hizo cargo de ese muchacho que ya es un hombre, y yo lo he querido mucho porque se parece mucho a su padre, buen estudiante, luego un hombre muy trabajador. Con aquella señora que es la madre de ese muchacho, sé que  mi  esposo jamás tuvo nada con ella. Después de esa aventura que duró varios meses, él se confesó y juró ante el sacerdote serme fiel.  Y estoy seguro de que así fue. Pero yo no puedo vivir sin él. Guardo toda su ropa. Su escritorio en la casa lo conservo igual. Tengo fotos de él en  mi  habitación, en la sala de estar y en el comedor.

ÉL   NO ESTÁ EN SU CASA, YA QUE LO QUE USTED SUPONE QUE VE ES UNA PROYECCIÓN DE SU SUBCONSCIENTE. NI ÉL QUIERE ESTAR AQUÍ NI PUEDE, PORQUE ESTÁ EN OTRA DIMENSIÓN EXISTENCIAL, CAMINO A UNA VISIÓN CADA VEZ MÁS PLENA DE DIOS, Y ASÍ DEBE PENSAR USTED.

Su recuerdo me acompaña todo el día. No he vuelto a salir. Una vez mis hijos me llevaron a un restaurante donde solía ir con  mi  marido y me puse a llorar y tuvieron que llevarme de vuelta a  mi  casa. Hay veces que creo verlo en la casa comiendo o sentado en una silla leyendo el periódico. En fin, estoy triste y desesperada. Quisiera morirme para volverlo a ver.

Mire, señora, fueron 42 años de convivencia con él, pero es un tiempo que ya se cerró y fue una etapa en su vida importante, pero no la única. Usted está viva y con la misión de crecer espiritualmente todos los días y servir a los demás. No puede vivir estancada en el pasado, amarrada a recuerdos y a una presencia que ya no está. Su marido vive eternamente y él cumplió su tiempo en la tierra. El ya no está aquí.  No puede seguir viviendo apegada y dependiente de alguien que al cumplir su misión histórica partió de aquí  y está situado en otra dimensión espiritual y que no quiere que usted esté pensando en él como si fuera un dios.

 Sea realista y anímese a vivir una existencia plena ahora, porque hay otros seres humanos que necesitan de usted. Le pido y le exhorto a que regale toda la ropa de su marido a gente que la necesita. Que se quede con una cuarta parte de las fotos de su marido y las demás las dé a sus hijos. Él  no está en su casa, ya que lo que usted supone que ve es una proyección de su subconsciente. Ni él quiere estar aquí ni puede, porque está en otra dimensión existencial, camino a una visión cada vez más plena de Dios, y así debe pensar usted. Debemos aceptar lo que es irremediable. De no hacerlo, viviremos apresados a ilusiones falsas y destinados a vivir depresivos el resto de nuestra vida.

Necesita usted un mayor encuentro con el único que es imprescindible y que cuya presencia es plena en el aquí y en el ahora, Dios nuestro Señor.  Ábrase a la compañía de otra gente buena, además de su familia. Viva el misterio de comunión de la Iglesia en una comunidad parroquial, donde usted reciba fuerza espiritual y pueda servir a otra gente que la necesita. Cada vez que usted se sorprenda a usted misma pensando obsesivamente en su marido que ya no está en la tierra, llámese la atención y dígase que eso no es correcto, que Dios no quiere eso ni tampoco quien fue su esposo. Que hay que vivir el presente y hacerse cada día más útil a la gente que la necesite. Si usted en verdad quiere tener un encuentro con él y con todos los bienaventurados en el cielo, hay que ganarse en la tierra con amor y sirviendo a los demás día a día, siguiendo los pasos de Jesús. Vamos ya a "saltar del abismo" donde se encuentra y a caminar erguida por la vida, honrando y glorificando el nombre de Dios y alegrando la vida de otras personas, porque esa es la voluntad del Señor, con quien usted es invencible.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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