Acorralados por una canasta básica fluctuante
El hombre es el sujeto de carácter gregario, predestinado a vivir unido con sus propios congéneres, confraternizando las convulsas ciudades modernas, confrontando la vida en todas sus facetas competitivas, afrontando una confusa gama de alucinantes necesidades convergentes, inminentemente tormentosas para todos los gobiernos de turno.
SI LOS QUE TRABAJAN LA TIERRA SON UN NÚMERO ESCASO, Y DEJAN EL ESPACIO EN PODER DE LOS ACAUDALADOS, ¿CÓMO ES POSIBLE QUE PODAMOS ADQUIRIR ALIMENTOS A BAJOS COSTOS? IMPOSIBLE.
No me explico cómo procede el alza de los precios de los productos que integran la canasta básica, con la compleja norma aplicada, incidiendo cada día que transcurre en un súbito desbalance de los recursos que forman su conjunto. Aquí debo arrojar luz recordando que cada minuto se hace más dramática la influencia del factor demográfico en la existencia social.
Tenemos que dar por sentado que la superpoblación supone un serio problema de alimentación, también de salud. Existe un camino expedito y funcional en la solución del intrincado axioma, mirar hacia el campo y dedicarle tiempo suficiente a la productividad, pues lo admito con despliegues de reflexiones, labrar los tesoros escondidos que embarga la tierra, he allí el descubrimiento de lógicas razones en las que habita nuestra salvación.
El asunto de la canasta básica cada día se torna más incomprensible, en un tiempo relativamente perentorio ha denunciado una descomedida alza de $50.00, presentándose con un gran total de $350.00, donde obviamente el intermediario resulta el más favorecido. No sé que valla podremos levantar para contrarrestar la carrera de los precios, donde los sueldos permanecen inamovibles. Llega un momento en que solo la sabiduría tiene el poder de la absolución, por ello, la precaria situación actual me altera profundamente a nivel emocional. Embargado por esta oleada de tremendos remordimientos, juzgo la liviana metodología aplicada en la lidia presentada referente al trato de los alimentos de consumo obligatorio.
La gente común denuncia en nuestro medio una conducta de rechazos concernientes a las labores agrícolas y esto ya está cobrando su saldo negativo con insistencia demarcada. Me pregunto: si los que trabajan la tierra son un número escaso, y dejan el espacio en poder de los acaudalados, ¿cómo es posible que podamos adquirir alimentos a bajos costos? Imposible. La reposición nutricional cada día que cursa la veo más competitiva, caminando en un desequilibrio extraordinario. Alzas irresistibles de descollantes trascendencias desagradables, ponderan sobre la existencia, indicando el modus vivendi operativo del instante, en manifiesto de franca lesión exasperante. Las ferias libres tal vez sean un aliciente para la zozobrosa vida del que menos tiene. Ya el campesino es el oferente del desprecio olímpico hacia la tierra, esta extraña conducta de índole introvertida y malsana será responsable de acostarnos en un futuro muy próximo con el estómago vacío, cuya consecuencia asoladora linda con la catástrofe devastadora. Son los atractivos ingredientes que dicen presente mancomunados hacia nosotros, presurosos de reponer las energías perdidas a través de las actividades cotidianas consolidadas inalienablemente, como parte acaudalada de la dieta comestible. Pero a todo esto aquí lo más intimo es el ejercicio abominable e influyente de la pereza, función detestable y aterradora apoderada del ser humano de nuestro tiempo. La pereza camina tan despacio que muy pronto la alcanza la pobreza, reza el adagio. Vivo en la capital y siembro mis surcos manteniendo las labranzas en orden, donde los logros obtenidos se convierten en pingües cosechas. El campo sufre de desolación ya no vemos maíz, arroz, guandú ni aguacates, todo ha desaparecido como aquello que les hayan aplicado una desgarradora fumigación mortal. Martí, el sabio magnifico dijo: la tierra es la madre de la fortuna, labrarla es ir directamente a ella. Imperecedera sabiduría imborrable. La gente aún no logra comprender que en el fondo de nosotros mismos se pueden dar fecundaciones anímicas maravillosas, en abrigo de la facultad de abrir el acepto fondo de nuestra conciencia, en concepción de noveles modalidades benevolentes. Nos quejamos de que todo está caro, pero no queremos agachar la cerviz. Provistos de alimentos, podemos fundar hogares felices con pasos firmes y seguros dirigidos hacia el despejado porvenir promisorio.