Actividad básica
Las expectativas de las sociedades modernas son marcadas por las curiosas ocupaciones de sus habitantes, ante todo de aquellas que nos proveen alimentos sustentantes de la vida en salud, donde secuencialmente como una claridad triunfal, abrimos los canteros del éxito y este es el instante interesante para agacharse y enterrar en el surco la simiente sentándose con entereza a esperar la cosecha del mañana, bajo los rayos ardorosos del sol canicular.
Agricultura, ocupación privilegiada, pues donde ella falta, entra arrogantemente la pobreza con su hermana gemela la desnutrición. En estos pueblos tropicales venidos con poca visibilidad cultural, califican la agricultura como una ocupación del Tercer Mundo, solo indicada para todo aquel que no ha tenido las posibilidades de pulirse en el aula, en desconocimiento total que existen países avanzados cuyos progresos tecnológicos han dependido siempre del cultivo de la tierra. Ella contiene las cualidades exclusivas de ser considerada el non plus ultra de nuestra salvación económica.
Concurro al análisis meticuloso considerando que la pobreza no se enquista en la falta de dinero, dicha condición se dispara cuando incide la flojedad de voluntad, agregándoles un aditamento especial afectado, la carencia de amplitud en la imaginación, mezcla de energías ultrajantes, particularmente del incapaz, incorporadas a las retardadas interacciones neuronales. No puedo concebir lo resumido por la mente del campesino que sin tomar puntual decisión actúa respondiendo a sus albedríos, abandonando el campo y marchándose hacia la capital sin el acoplado refinamiento intelectual, con una mano adelante y la otra atrás, ausente del contrapeso de portar algo vigoroso bajo el brazo.
Aunque tengamos un asidero ponderado integrado de excelentes exponentes en el orden agrícola, el Idiap, pero el ambiente nos convence a tomar otras decisiones que no son las más legítimas e inteligentes. De nada valen las influencias pensantes de hombres ilustres, si el consentimiento general abriga los exasperantes dogmáticos.
Sé que la agricultura involucra una seria gradación de ejercicios complicados que intervienen incidiendo en sus resultados, sean ellos óptimos o frustrantes a decir: la tendencia de la tierra, faltas de insumos, ayuda oficial, prometedores mercados de consumo, incentivos al hombre del campo. Es beneficioso ayudar a todo aquel que permite hacer producir la tierra con seriedad y eficiencias, descubriendo los secretos complejos almacenados en el vientre de la madre naturaleza.
Tenemos que ser emprendedores, motivando las iniciativas inclinadas a alentar una política equilibrada referente a la organización laboral, que ayude resolviendo las necesidades de hombre común que no se liga aún con los apuros que confronta.
El hambre es una necesidad orgánica que sigue golpeando cada vez más las diversas áreas del planeta con constreñidas posibilidades de poderse resolver. Contamos con una dificultad crónica propia de las variantes climáticas responsables de las estaciones, la falta de agua dulce empleada para poder mejorar los cultivos y como es obvio, sin ella no podremos arremeter con agresivo poder tendientes a mejorar las producciones perseguidas. Y de la falta de este elemento provienen unas concurrencias de marañas que tornan lo ambicioso en frustración.
Considero que todo dimana de nuestras certeras intervenciones, unidas a las provechosas reflexiones, en las que la mente emite los recursos potenciales impulsando la captura de los fines requeridos. Abriendo pozos, regadíos, manantiales, tuberías como complementos de los objetivos anhelados.
La tierra almacena los tesoros que se transformarán más tarde en energías circulatorias en el cuerpo humano, tornadas en admirables regalos envidiables. El censo universal no dice que hay 800 millones de personas que sufren de hambruna con pocas oportunidades de poderlo remediar. Aunque el regalo natural en algunos casos procede mezquino, tenemos que enfilarnos hacia la comunión de un cuerpo con cualidades, con vivas energías, aunados a las sustancias vitales que producen salud. Vigilemos las variables, consumimos más de lo que producimos y esto causa efectos atróficos en el proceder del individuo.