Actividad criminal, sociedad y enfoque integral
Comienzo por señalar que no es correcto facturarles a los pie de fuerza del Estado, la responsabilidad única de los resultados que en materia de lucha contra el crimen arrojen las encuestas o la percepción que sobre este tema tenga la población panameña.
La lucha contra el crimen y sus múltiples formas como se presenta es una cuestión de política integral del Estado. En esta línea de pensamiento, en lo particular, y pienso que la ciudadanía en general, no conoce con certeza si el país cuenta con una política o estrategia de Estado para enfrentar la delincuencia.
Se han puesto en marcha algunos planes, que no cuestionamos y es probable que puedan estar arrojando algunos signos positivos, sobre todo en lo que concierne alejar a jóvenes del pandillerismo.
Hace algunos lustros, diferentes actores de la sociedad, mediando consenso, dieron a conocer lo que en aquel entonces se denominó una Estrategia integral democrática y humana contra la criminalidad. Lamentablemente no se le dio curso ni recursos. La misma tenía varios componentes, de los que resalta la cuestión interna y la defensa del territorio nacional.
En la administración de Martín Torrijos se hizo un intento de fraguar y consensuar una política de Estado en materia criminal. El o los enfoques sobre el tema fueron muy limitados y no se le dio la seriedad que demandaba el tema. Salió a relucir un documento brevísimo y de poca seriedad científica.
SERÍA TONTO SUBESTIMAR EL FENÓMENO CENTROAMERICANO, CUYOS PAÍSES ESTÁN EN UNA GUERRA FRONTAL CONTRA LA DELINCUENCIA; TAMPOCO PODEMOS SUBESTIMAR QUE HACIA EL SUR, TENEMOS FRONTERAS CON COLOMBIA, UN PAÍS CON POBREZA Y EL ÍNDICE DE DELINCUENCIA DISPARADOS O QUE ESTAMOS INMUNES O CURADOS CONTRA EL FENÓMENO QUE SE VIVE EN MÉXICO, DE LUCHA CRUENTA DE LOS CARTELES.
En varias ocasiones he señalado que una efectiva estrategia contra la criminalidad tiene que ser obra de la diversidad nacional. En esta materia estoy convencido de que los empresarios, los trabajadores tienen mucho que decir, al igual que las universidades con sus centros especializados, verbigracia los criminólogos y sociólogos.
El diseño de una política integral pasa por entender cabalmente, lo que al respecto señala Berestain, criminólogo europeo, que el crimen y la delincuencia están siempre referidos a la sociedad. Esta con sus elementos de contracultura y desvalores deviene una fuente o empresa que facilita la manufactura del crimen.
No perdamos de vista que nuestro país está expuesto a la influencia criminal. Sería tonto subestimar el fenómeno centroamericano, cuyos países están en una guerra frontal contra la delincuencia; tampoco podemos subestimar que hacia el Sur, tenemos fronteras con Colombia, un país con pobreza y el índice de delincuencia disparados o que estamos inmunes o curados contra el fenómeno que se vive en México, de lucha cruenta de los carteles.
Una estrategia integral contra el crimen pasa igualmente con desarrollar políticas de pleno empleo. A diario me pregunto, cuál será el futuro de esos miles de trabajadores del campo, que la crisis del sector agropecuario arroja a la incertidumbre; lo más seguro es que vendrán a la ciudad, a quedar a merced de la influencia de las organizaciones criminales; igual ocurre con miles de jóvenes que no acceden a una posición por falta de formación.
Lo anterior solo constituye algunos puntillazos de por qué señalamos que el enfoque para luchar contra el crimen tiene que ser integral y democrático; es decir, volcar los esfuerzos hacia un escenario donde la obra de construir una estrategia tiene que hacerse con participación de la sociedad.
Fuera del contexto arriba descrito, pedirle a la fuerza pública que sea más eficiente sería injusto. Así como el delito tiene como matriz a la sociedad, así mismo es esta la que tiene que volcar sus esfuerzos y contribuir en el diseño de las tácticas y estrategias más adecuadas para combatir el crimen. Ahora bien, su viabilidad depende de una decisión y voluntad política.