Actividad motriz del hombre
Labrar la tierra ha sido la actividad relevante del hombre desde su divorcio con la recolección, traída con él, desde su aparición como recogedor nómada hasta ser el diestro extractor de los prodigiosos secretos que atesora el planeta en sus silentes entrañas. Todo este desempeño de laborioso tesón tuvo sus raigambres en el periodo neolítico, intervalo funcional distinguido con el sello relevante de la motivación, impregnándoles impulsos a la recolección por la intervención aliciente de la pesca, la caza y la ganadería con sus aspectos superlativos y compensatorios, y estableció de este modo la simbiosis perdurable.
Su máximo esplendor lo alcanzaron desde los sumerios, establecidos en las márgenes de los ríos Tigris y Éufrates hasta el Valle del Nilo en el antiguo Egipto. El ser pensante empezó una vida embrionaria en sus primeros años basada en el merodeo, desplazándose de un sitio a otro en busca de su limitado sustento diario, sin comprender aún que la riqueza lo acompañaba, registrando su poder en el sereno corazón de la madre tierra. En este valioso pacto de aferradas certidumbres, se abraza el excelente grandor, esperando las propinas emanadas de los tesoros que cunden en su abrigado entorno.
La simbiosis perfecta cubría la tónica dilecta, allí a su diestra estaban los recursos en quietud guardando el estricto brindis ofrecido por el asequible entorno. Había que diagnosticar lo que podía ofrecer la incipiente metodología en cuanto a robustecimiento de los conocimientos, referentes a las medidas de extracción de los misterios que embargan las plantas en su mutismo.
La tierra llamó al hombre y le brindó su seno obsecuente y acogedor con sumo glamour, sedienta ambicionada de hospitalidad. El ser pensante y la tierra se fusionaron en binomial esplendencia, bajo la consultoría como regente, delegando uno al otro las patentes posibilidades de poder conquistarse ambos, en la larga tarea de mantener la subsistencia binaria. Constituyó el extendido pacto, aupado por las injerencias angustiosas de tipo fisiológicas, ofertando las iniciativas de poder alimentarse mejor, en perfecta exploración del secreto esparcido sobre la faz del planeta. Era imperativo sentarse y consumar el debido y rígido ejercicio examinando la austera transmutación en ofrecimiento del nuevo estilo de errante a sedentario. Resultados encumbrados se obtuvieron con la aplicación de la fuerza animal en el cultivo de los terrenos.
El trato de la tierra operó entregado a la excelencia, opíparas cosechas aunadas a productos de insuperable calidad, dimanaron como secuela de la nueva organización. Es claro que las consecuencias acudieron rápido sin dejarse esperar, vinieron los cambios de órdenes sociales y políticos, fruto del convenio de la vida en mancomunidades sociales. Se reflejaron dichos movimientos de los campos donde se constataron las revoluciones agrícolas intensificando los cultivos, registrándose rutilantes modificaciones en registro de copiosos logros. Asombraron los intercambios de productos tras la conquista, compactándose y complementándose las siembras con semillas allende el mar y aquende el mar en perfecto polinomio, disparándose el nacimiento de las nuevas ciudades.
La tendencia del liberalismo económico abrió una principiante tendencia, la liberación del mercado de tierras, instaurando la propiedad privada y sobre ellas con diversas manifestaciones según los países operantes. En nuestro suelo, hemos llevado a cabo una estricta reforma agraria con el propósito de extenderlas especialmente al campesino, su lote de terreno, para el cultivo de los productos ideales de la dieta familiar. La integración de los mercados nacionales unificados, requirió de la igualdad de pesos y medidas, también la liberación de los precios. La agricultura de hoy la podemos parangonar con las explayadas vertientes que aúnan cantidades infinitas de lánguidos arroyuelos que carecen de fuerza indispensable para poder extenderse con probidad. Este es el trabajo que supone la lógica eficiente, plataforma sin peso específico de orden experimental que actúa como base escuálida en el soporte de la débil autosuficiencia, a manera de herencia insegura para la posteridad. En nuestros días, la vida exige de todos nosotros la revisión intelectual de las excelsas creencias, análisis, síntesis de concepciones, las evidencias culturales y el pensamiento científico, basados en lo inductivo y deductivo, delineados para ser utilizados de manera profunda y expedita.