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Actualidad de la educación en Panamá

Por: Redacción 12/01/2015

El 23 de febrero del año que cursa, se inicia oficialmente el primer año escolar del nuevo gobierno que preside el presidente Juan Carlos Varela. Son incontables, empero, las comprobaciones que en los últimos 30 años se han hecho sobre la influencia negativa que nuestra educación pública ofrece en muchos aspectos. Su falta de orientación actualizada es un factor de retraso del desarrollo de las actividades nacionales y del encauzamiento erróneo de muchas capacidades que pudieron tener un destino más provechoso.

Las escuelas oficiales ven disminuida su tarea por la cuestionada calidad de la enseñanza que imparten y por la cuantiosa deserción de estudiantes que no terminan sus estudios y que posteriormente engrosan la falange de los analfabetos funcionales, sin aptitudes específicas para el trabajo ni contribución a la productividad, pero, lamentablemente, aptos para la delincuencia.

Reformas educativas se han intentado en innumerables ocasiones, casi siempre bajo prismas teóricos que se tradujeron en “cambios parciales de programas o de métodos de trabajo docente”, pero sin representar una nueva inspiración del magisterio. Ahora estamos otra vez ante inquietudes reformistas que se expresan en los más distintos ángulos. El reclamo de mayor fuerza proviene del sector económico, porque allí se comprueba la penosa escasez de trabajadores calificados, de técnicos y de elementos capaces de organizar y dirigir las faenas. La implantación de reformas estructurales, que ahora se trata de impulsar improvisadamente, hace ver con mayor relieve ese vacío.

No es menos duro el enjuiciamiento de nuestra educación en el nivel de la alta técnica, que es indispensable introducir en las faenas industriales. Y en el dominio científico, las universidades se enfrentan ante problemas que ahora afrontan más que con sus propios recursos, con los que provienen de fundaciones extranjeras y de otros institutos a los cuales acuden becados nuestros profesionales. A este respecto, el drama es que la mayor parte de los que perfeccionan sus conocimientos en el exterior y podrían volver al país a difundir la ciencia pura o aplicada encuentran más horizontes fuera de Panamá, con lo que nuevamente se debilitan nuestras posibilidades.

Los gobiernos de los periodos constitucionales (1990-1994; 1994-1999; 1999-2004; 2004-2009 y 2009-2014), han intentado, de alguna manera, iniciar un proceso de reforma educacional, pero casi todas consumieron sus esfuerzos en disputas estériles o estudios dilatados; además de la intromisión politiquera y la improvisación en la educación, no se ha podido señalar con rapidez y exactitud los cambios que deban introducirse en el sistema educativo, para alcanzar finalidades concretas y acordes con las necesidades que hoy no podemos satisfacer.

Es oportuno que insistamos en un aspecto esencial de cualquiera reforma educativa, cual es el magisterio. Esta carrera carece de alicientes desde hace muchos años. Tuvo antiguamente cierto prestigio en los niveles universitarios y académicos, pero lo que es en la formación del magisterio primario, medio y especial, no suscitó de los gobiernos la preocupación que merecía. De ahí que haya existido, por lo general, una selección a la inversa en el material humano de los planteles que forman nuestros maestros, llegando a ellos excedentes que no tenían colocación en otras carreras. Para corregir esta situación, el Meduca adelanta un programa de capacitación de maestros y profesores en el idioma inglés, con miras a establecer el sistema de educación bilingüe.

Durante los últimos cuatro años (2011- 2014), al Meduca se le asignaron los presupuestos multimillonarios más altos en la historia republicana, mas no se pudo avanzar en los improvisados proyectos y programas educativos (la transformación curricular, beca universal, construcción de escuelas y otros). Al contrario, infortunadamente, los fracasos escolares en materias básicas como “español y matemáticas” fueron cada vez mayores…

Finalmente (una advertencia muy importante), las autoridades del Meduca en la actualidad deben abandonar el método antipedagógico de planes improvisados e iniciar el proceso de planeamiento o planificación integral de la educación. De no hacerlo, continuará prevaleciendo la rutina (statu quo) en el sistema educativo, sin que se produzcan cambios en la estructura, orientación, organización y administración de la educación, y se mantenga indefinidamente en rezago la calidad de la enseñanza a nivel nacional.

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Miércoles 5 de agosto de 2026