Adán, vida de un colono de hacienda en El Salvador

Por: Redacción 29/08/2017

Adán González había sido desde muy joven, como miles de campesinos salvadoreños, colono de una hacienda. En su caso la Hacienda Margarita. Al intervenirla la Financiera Nacional de Tierras, Adán compra varias manzanas de tierra y pasa a ser Finatero. Era 1988, octavo año de la guerra civil y la reforma agraria.

Había participado en el vivero comunal, proyecto que buscaba establecer el cultivo de árboles de rápido crecimiento que pronto diesen madera, leña, postes y carbón. Esfuerzo entre el Ministerio de Agricultura y Ganadería, MAG, y el Catie. Era mi tarea, como investigador del Catie, evaluar el impacto social del proyecto.

Víctor, mi motorista, decía que el salvadoreño era rencoroso “El que hace el daño se olvida de lo que hizo. El que lo sufre nunca lo olvida, ni quien se lo hizo. Sobre todo si de por medio hay sangre”.

Con Adán conversé sobre el clima, los bosques y su vida de colono.

“El tiempo ha cambiado. Anteriormente los inviernos eran en abril. Hoy han disminuido los inviernos, son más secos. Este año ha sido bueno, pero en años anteriores ha habido sequías. Cuando anterior estaban las tierras más en montañas, los inviernos en abril, ya veniyan en junio. Los ríos esos se han menguado, secado. Por la botación de los árboles hay menos aguas. Anteriormente había, ahora ya en enero no hay agua”.

“De árboles silvestres conozco laurel, conacaste, volador, zorra, nogal. Los señores antiguos recomendaban que la luna estuviera tierna para cortar la madera porque el agua la tienen arriba. Al cortar la madera el palo escurre el agua. El palo queda sin agua y se hace fibrudo, duro y no se raja. Y al cortarlo en otro tiempo el agua queda arriba, con los poros abiertos. La madera rolliza para que dure al aire se pela y se le echa alquitrán. Si se deja la cáscara, se pudre, le entran gorgojos”.

“Soy casado, tenemos 8 hijos. Soy analfabeta. Vivíamos lejos de la escuela. No pude estudiar y los recursos no alcanzaban para ir a la escuela. Nací en el cantón de Plan del Mango, a dos leguas de aquí, en jurisdicción de Rosario Mora. Mi papá era agricultor, arrendaba, era colono de la hacienda La Cangrejera”.

“Colono es uno que le dan ónde viva dentro de la hacienda. Mi abuelo tuvo terreno, pero cuando faltó en la muerte, vendieron la propiedad y se fueron de colonos. Ellos eran de San Emilio, La Paz”.

“Tengo 41 años. Aquí tengo 10 años de vivir cuando se dió la reforma agraria. Antes vivía de colono en una finca por Planes de Renderos. Cuando uno es colono, que nace con padres que ya es colono, cuando está niño va y le toca una hacienda ir a cuidar los chivos, a pastorear animales. Después llega uno a grande, ya puede trabajar con los bueyes, con maquinaria o la cuma. Ya uno se va con los hombres a trabajar”.

“Después viene uno y se casa o se junta con una hembra, ya forma un hogar aparte y le dan ónde viva dentro de la hacienda. Allí empieza como colono. Ahí está esclavizado en la hacienda porque usté no puede ir de esa hacienda a otra, porque ya no está bien dentro de la hacienda. Ya está contra su mandador ó el dueño. Usted permanece allí trabajando para ganar el pan diario” .

“Ya llega a viejo, a edad de 75, 80 años, ya le dice el dueño o el mandador´ ‘usté ya no puede trabajar, mande sus hijos pequeños a la hacienda, que no falten´. Si usté no obedece al dueño es como que desobedezca a Dios, ya no está bien. Ya le dan a uno salida si se porta mal. Así como entró, así se va.

“En la Cangrejera mi papá vivió 45 años y allí viví hasta los 18. Ya con hogar me harté, me fui a otra parte, no quise estar de esclavo allí. Así es el colono, vida dura. Cuando no tiene ónde vivir anda que no le dan posada y se queda a orillas de la carretera. ¿Habrá visto unas champitas a orillas de las carreteras? Esa gente no tiene ónde vivir, solo a orillas de la carretera. Esa gente no tiene nada. Solo Dios que los ampare. “

“Aquí, de que se decretó la reforma agraria, ya los dieron el terrenito. Esto era una hacienda grande de 800 manzanas, Las Margaritas. El dueño hizo una hipoteca al banco y cuando se enjaranó por 80 mil pesos no alcanzó a pagar su propiedad y la dio al banco y el banco la pasó a la reforma agraria que la compró a este dueño la tierra y la reforma agraria se la dió a los colonos.”


Antropólogo

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