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Adicción y enfermedad

Por: Redacción 29/08/2014

Los profesionales coinciden en que la dependencia no es un delito, sino una enfermedad y que los verdaderos delincuentes son los que comercian y trafican con las drogas. Naturalmente, los gobiernos de los diversos países tienen la responsabilidad de impedir este ilegítimo comercio, pero también la sociedad en su conjunto tiene la obligación de despertar conciencias sobre los peligros del consumo de los estupefacientes. Con urgencia, pienso que debemos abordar este vergonzoso mercado, sobre todo reforzando la prevención, el tratamiento y la atención de la persona adicta. Si no hubiese demanda, tampoco habría oferta.

Por desgracia, el mundo de las adicciones ha ido a más, en parte por ese rechazo a seres humanos enfermos, totalmente desprotegidos, sin ningún proyecto de vida. Junto a los proyectos preventivos de información deben coaligarse otros de orientación, para que en el momento de enfrentarse a la realidad cotidiana se tengan experiencias más apegadas al contexto y sean más efectivas. El fracaso escolar, la desestructuración familiar, los problemas laborales, personales, de salud y sociales suelen ser verdaderos trampolines hacia el consumo de sustancias psicoactivas, descripción que abarca tanto el alcohol y el tabaco como otras obtenidas a partir de productos químicos y que modifican nuestra manera de ser y de actuar.

En estos momentos cohabita la enfermedad de la maldita adicción con el negocio, de ahí la necesidad de reforzar compromisos mundiales de salud y derechos humanos. La responsabilidad ha de ser compartida para salir de la espiral de violencia y conseguir la autonomía de la persona.

La comunidad internacional debería actuar con más rotundidad ante este funesto problema mundial, que además financia terror y sirve para el lavado de activos, siendo el causante de tantas existencias arruinadas. El periodo extraordinario de sesiones de la Asamblea General sobre el problema mundial de las drogas, que se celebrará en 2016, puede ser una extraordinaria oportunidad de avanzar en soluciones y analizar nuevas formas de enfrentar el narcotráfico, cada vez más complejo.

Para decir no a la droga, hay que convencer primero prestando la asistencia necesaria después. Se debería abordar de forma urgente el tráfico de drogas que se realiza por rutas marítimas, así como por cualquier otra de las vías terrestres o aéreas, lo que exige un marco de cooperación entre los diversos Estados, con el compromiso de sustituir los cultivos ilícitos por programas de desarrollo alternativos, la reducción de la demanda con énfasis en los servicios de salud pública y de activar los esfuerzos para acabar con la comercialización de estas sustancias.

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Viernes 7 de agosto de 2026