Adiós al terror
Con el paso de los días ya son menos los “diablos rojos” que se ven en las calles de la ciudad capital prestando el servicio de transporte público.
Por años la población exigió un poco de comodidad y mucha seguridad, pero solo obtuvo accidentes con saldos fatales y malos tratos de los conductores.
A raíz de la puesta en marcha del Metrobús, aproximadamente 600 unidades entre “diablos rojos”, “coasters” y las famosas “neveras” han salido del sistema y pertenecen a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, previo pago de compensación a los dueños de certificado de operación.
Algunas pasarán a manos de planteles educativos para el traslado de los estudiantes, de la Policía y de otras instituciones, pero con antelación deberán ser sometidas a una exhaustiva revisión mecánica.
Otras ya tienen pintados los nombres de políticos afines al Gobierno a quienes se les destinarán buses, lo que demuestra que la política, una vez más, contamina la buena intención que podría tener el programa. Lo que resulta positivo es que la Autoridad del Tránsito y el Ministerio de Economía y Finanzas preparan una licitación pública para convertir 300 buses en chatarra.
El objetivo es evitar que vuelvan a ser ingresados al sistema o que puedan ser vendidas sus piezas y sus chasis.
En un país donde aún existen vehículos en las calles con carrocería en mal estado, sin luces y demás, es sana la decisión de destruir los llamados “diablos rojos”.
Se impone que quienes tienen las riendas del transporte en Panamá amplíen esa misma norma con los autos que, por su condición física y mecánica, puedan poner en peligro la vida de su conductor y el resto de la población. ¡A ser más exigentes!