Adiós Almengor. ¿Y ahora qué?
José Abel Almengor puso ayer a disposición del presidente Ricardo Martinelli su cargo de magistrado de la Corte Suprema de Justicia.
El ex fiscal estaba en el ojo de la tormenta por su participación en un grupo –denominado Perseguidos por Ana Matilde Gómez (PAMAGO)- que supuestamente diagramó un complot para sacar del cargo a la entonces procuradora de la Nación.
Con su salida, la investigación en su contra que llevaba adelante la Comisión de Credenciales de la Asamblea Nacional queda sin efecto.
Hoy, tras firmar esas pocas líneas que le entregó al presidente, Almengor pasó de ser magistrado a un simple ciudadano.
Sin embargo, hay dos pasos cruciales que aún no ocurrieron: primero, la aceptación de la renuncia por parte del jefe de Estado. Y, segundo, conocer el camino que transitará el Ejecutivo para nombrar al reemplazo del ex fiscal de drogas.
Martinelli, con la salida voluntaria de Almengor, está ante la posibilidad de nominar a un magistrado que devuelva parte del brillo perdido de la Justicia de Panamá.
O, al menos, parte de ese brillo.
Es que, actualmente, la Corte Suprema de Justicia adolece de un asunto neurálgico para su funcionamiento: credibilidad. Nadie les cree. Nadie confía.
Y el asunto de la escasa confianza se agrava más aún cuando son los magistrados los encargados de impartir justicia y decidir sobre los bienes y la vida de los ciudadanos.
No es Almengor quien está en una disyuntiva que permitirá o no –quizás hoy más que nunca- enderezar en parte el maltrecho sistema judicial.
No, no es Almengor.
Almengor ya decidió: y se fue.
La persona que deberá resolver el dilema está sentado en el sillón principal del Palacio de las Garzas.
O elige a alguien íntegro e independiente para ocupar el cargo de Almengor o la historia volverá a girar.
Idéntico a una rueda.
