Adiós a Diego Domínguez Caballero, excelencia ciudadana
Tras sensibles dolencias, el viernes 10 de junio de 2011, rodeado del inquebrantable amor de su esposa Norma y de sus hijos, a los 96 años falleció el Dr. Diego Domínguez Caballero. Su vida profesional fue dedicada enteramente, y con modestia, a la docencia; en especial a la enseñanza de la filosofía y de la ética.
A pesar de la trascendencia de su noble tarea ciudadana de “maestro”, en materia de tan urgente actualidad y estructura indispensable, las manifestaciones sinceras por el profundo dolor de su partida no se hicieron sentir en la efervescencia de la emoción pública ni en el reconocimiento inmediato de su sólida trayectoria, como suele encender la política. Junto a sus cenizas estuvieron las lágrimas de sus seres queridos, hasta la tercera generación, para expresar suave, intensa y decorosamente su inextinguible respeto, orgullo y amor. Estuvieron, solidarios y dolidos, representantes amigos de su congregación cristiana para dar fe de su hombría de bien y de una vida virtuosa. Estuvo la Universidad de Panamá, en la presencia de su Rector, del Secretario General y Profesores, para agradecer y rendirle tributo por una magnífica e irrepetible jornada de docencia de casi treinta y cinco años, que lo hicieron el más destacado profesor de filosofía y ética que ha habido en el país. Estuvo la Fundación Panameña de Ética y Civismo, de la que fue uno de sus fundadores, para reiterar la relación fecunda y el compromiso con la sociedad y con la patria. Y se sintió el calor y el recogido pesar de sus familiares y amigos, de ex alumnos y admiradores.
Así se van, en paz y venerados, los que hacen de su vida pedernal y pedestal para que la convicción y el sacrificio propios aseguren el bienestar de los demás por el camino de la mejor conciencia; los que siembran mensajes inolvidables que enriquecen generaciones; los que afincan sus luchas y sus esperanzas en una sociedad más justa, en un país más digno, en un hombre más moral.
Si algo podría decirse que encendió hasta su muerte al Dr. Domínguez Caballero, fue la Razón y Sentido de lo Panameño, título al mismo tiempo del ensayo que por “honrosa solicitud de UNESCO” envió con importantes modificaciones (a su ) ensayo sobre lo panameño. Cito de su libro impreso en el 2004, que tuve la fortuna de recibir de sus manos y de conversar largo sobre él al solaz de su hogar, como solía hacer con frecuencia:
“Sentimos, en esta circunstancia, que un problema ético fundamental para los panameños, es el de su propia identidad. Ser quien en realidad somos. Hay que partir de la identidad personal y nacional. Quién soy como persona. Quién soy como ciudadano de esta nación. Por ello esta búsqueda de la identidad nacional se convierta en una necesaria empresa moral. Sólo seremos en tanto seamos moralmente. Hacemos y conformamos nuestro ser en la acción moral. Esta es la tesis o afirmación de nuestro trabajo”.
El Dr. Domínguez Caballero no sembró sólo en su tierra. Después de brillar desde la Escuela Primaria Manuel J. Hurtado, pasando por el Colegio La Salle, hasta la Universidad de Panamá, donde se recibió con honores como Licenciado en Filosofía, en la Universidad de Chicago y en la Complutense de Madrid alcanzó grados más altos hasta el Doctorado. Los cursos de post grado en Gugqenheim, en Harvard, en Columbia y en Santander, no sólo enriquecieron su bien cultivado bagaje intelectual, sino que le abrieron las puertas de la Cátedra en Panamá y en la prestigiosa Universidad de Yale. La dedicación, la integridad, la maestría y la idoneidad con que se desempeñó dentro y fuera de los claustros universitarios, le cosecharon decenas de honores y distinciones dentro y fuera de su patria, desde el Premio Universidad de Panamá, hasta las Palmas Académicas del Gobierno Francés, sin dejar de mencionar la Condecoración Vasco Núñez de Balboa y la Medalla Manuel José Hurtado.
Miembro de Instituciones de Filosofía en Brasil y Buenos Aires, Director Nacional de UNESCO en Panamá, Miembro de la Directiva de la USMA, incansable en sus afanes intelectuales, el Dr. Domínguez Caballero estudió, analizó, conversó hasta poco antes de su muerte. Larga es la lista de sus relevantes aportaciones y logros académicos de la mano del liderazgo inicial del Dr. Octavio Méndez Pereira. Su rica biblioteca fue donada a la Biblioteca Nacional.
Dejó el incomparable y valioso legado de su trayectoria ejemplar, de su consejo siempre afable y provechoso y la edición de 11 libros, 5 adicionales inéditos, 4 separatas, 47 ensayos y cientos de artículos, además de su lucida participación en Congresos, Seminarios y Ponencias.
En su última década de actividad intelectual le entusiasmó su participación en la Fundación Panameña de Ética y Civismo, porque “en sus objetivos lleva a la práctica lo que él por tantos años venía predicando desde la cátedra”. Por eso, en vida, para que él experimentara la satisfacción de la admiración y del respeto que le debíamos y le deberemos siempre, la Fundación instituyó la Medalla – aún no adjudicada - Diego Domínguez Caballero, a la Excelencia Ciudadana, de lo que él fue tan vívido ejemplo.
