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Adiós a la vida por correo electrónico


Solo quedan 300. De los 800 trabajadores que lucharon para evitar una tragedia nuclear de inimaginables consecuencias para Japón solo quedan 300. Son los últimos. Los que, quizás, ya entregaron sus vidas para contener la peligrosa fuga radioactiva de la central de Fukushima, a 250 kilómetros  de Tokio. Todo ellos están, desde el terremoto y el “tsunami” que azotó a Japón a principios de marzo, expuestos a  radiación.

Una situación que los enfrenta a un destino inevitable sin poder, al menos, despedirse de sus familias. Verlas.El diario The Daily Telegraph difundió una serie de correos electrónicos  que los operarios enviaron desde la central nuclear a sus familiares, tras la tragedia.  Correos escritos con la certeza del final“Vamos a morir.

Llorar es inútil. Si estamos en el infierno ahora todo lo que se puede hacer es trepar hasta el cielo. Por favor, tengan cuidado con la fuerza oculta de la energía nuclear. Me aseguraré de que vayamos a recuperarnos”, dijo uno de los trabajadores. “La ciudad en la que vivo fue arrasada por el ‘tsunami’. Mis padres fueron arrastrados por el ‘tsunami’ y aún no sé dónde están.

Estoy encadenado en un trabajo extremadamente duro bajo estas condiciones mentales. ¡No puedo más!”, escribió otro operario, en un correo electrónico.Un último trabajador comentó: “Esto es como una zona de guerra”.Japón es, quizás, uno de los países que se apoyó más en su historia y cultura para moldear su ser nacional.

La resignación y el sentido del deber de los 300 trabajadores de Fukushima recuerda el comportamiento ancestral de los samurái: guerreros que creían que la muerte en el campo de batalla era el mayor honor posible. Es decir: la muerte noble en vez de una vida indigna.  El sentido del deber, versión japonesa. Así están los 300 de Fukushima, esperando y arriesgando estoicos.

Con la certeza de la muerte rondando por la planta nuclear, sin pensar en dejar sus labores para intentar enfriar la central, pese a su propia exposición; solo les quedó empezar a despedirse, por correo electrónico.