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Adiós a un gran hombre


Al Dr. Bernardino González Ruiz, quien falleció hace algunos días; fue mi tío, hijo de unos padres maravillosos, y formó parte de una familia completa, criada y formada en valores, en honestidad, en humanismo y en sabiduría. No por mi familiaridad, sino por considerar que, a la edad de 101 años, perdimos a un hombre que fue baluarte en la medicina, en la política y en su vida familiar. Fue un hombre que ejerció la medicina con dedicación, con ética, con sentimiento de humanidad por sus pacientes.

En la política fue presidente del Partido Acción Democrática, diputado por dos provincias diferentes, ministro de Estado en varias ocasiones y presidente de la República, posiciones que ocupó con conciencia de mando, con honestidad y con amor a la patria, porque él decía que esas posiciones no se ocupaban por intereses personales sino para servir al país y a todos los panameños. Como ministro de Salud, hizo énfasis en la importancia de la atención médica durante el embarazo, durante la infancia y lo hizo con programas de educación médica hacia la población para mejorar la salud del país. Le dio importancia a la curación y prevención de la malaria, enfermedad endémica en el trópico y que en su Ministerio logró casi eliminarla.

Lamentablemente, otros que vinieron durante la dictadura no supieron apreciar su necesidad de conservarla, y recortaron drásticamente el presupuesto del SNEM para lograr su reaparición. Formó parte del grupo de políticos que enaltecieron a Panamá, de aquellos presidentes y dirigentes que pensaban en el país sin tomar ni un real que no les perteneciera. Por esto, las personas que los conocieron y que vivieron sus tiempos, reconocen el valor de esos hombres en la política panameña. Fue el padre que perdí prematuramente y a él recurría en consultas para tomar decisiones importantes en mi vida. Fue el amigo a quien contaba mis cuitas y mis secretos en busca de ayuda que recibía desinteresadamente.

Un hombre jovial que gustaba de cantar permanentemente; alegre cuando tenía que serlo, y de un carácter suave que pensaba bien las cosas antes de actuar o decidir algo. Esposo, padre, abuelo, tío y amigo ejemplar, para quien la familia era lo más importante. Un hombre lleno de anécdotas y experiencias que contaba con el mayor gusto y de quien, todo el que deseaba, podía aprender, no solo medicina o política sino de la vida, del deber y los derechos, de lo bueno y lo malo. En fin, fue un hombre completo y pleno de deseos de vivir hasta su último día. Está con Dios, sin duda, y ojalá conserve su paz para siempre.

Médico.