Adolescentes embarazadas: hipocresía y negligencia
El Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) ha dejado sentado como una verdad indiscutible que actualmente el embarazo adolescente es uno de los principales problemas sociales de América Latina. Ciertamente, desde que se cuenta con registros detallados de la cantidad de embarazos adolescentes en el país, se ha podido advertir que la proporción se ha mantenido muy estable, con picos y valles que señalan un 19% hasta otros datos de 24%, pero la media de embarazos adolescentes se mantiene y, de hecho, vemos que en los últimos 20 años no se ha observado un cambio en cuanto a una disminución en embarazos en adolescentes se refiere. Obviamente, no hay que decir mucho sobre la falla del Estado panameño en este tema: no se ha hecho nada en educación sexual integral.
UN PRINCIPIO DEL QUE PARTIMOS LOS PSICÓLOGOS ES QUE LA EDUCACIÓN EN TODOS LOS ÓRDENES DEBE SER LO MÁS TEMPRANO POSIBLE, Y LA EDUCACIÓN SEXUAL MÁS AÚN. NO TIENE NADA QUE VER CON RELACIONES COITALES. ES UN DEBER DE LAS ESCUELAS Y LOS PADRES, PERO SI ESTOS CARECEN DE FORMACIÓN REAL, LA SITUACIÓN LA DEBE AFRONTAR EL SISTEMA EDUCATIVO PARA PREVENIR UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA GRAVE.
Y esto nos manifiesta de modo muy claro que de cada 100 embarazos 20 son de adolescentes, algo así como una de cada cinco embarazadas, cifras alarmantes que nos indican que hay un problema grave, al que no se le ha prestado debida atención. No es lo mismo el 20% de casi 4 millones de habitantes del país, mal contados, eso sí, que el 20% de 2.5 millones. Por ejemplo, hoy sabemos que a estas alturas del año se tienen registros de alrededor de 5,500-5,600 embarazos de muchachas entre 10 y 19 años, sabiendo que siempre el grueso se ubica entre los 14 y 19 años, pero con la variación de que ahora se está incrementando el número de niñas de menos de 14 años con embarazos, lo cual involucra violaciones, abuso sexual en la propia familia, explotación sexual comercial infantil, temas a los cuales no se les ha prestado atención.
No es asunto de decir que son niñas sinvergüenzas que quisieron jugar a papá y mamá, sino que hablamos de hechos trágicos. Por eso era criminal y canalla la postura de la anterior ministra de Educación, que convirtió su fundamentalismo religioso en una política de Estado. Esperemos que la vocación laica, heredada de nuestros abuelos liberales se imponga. Cada quien tiene derecho a creer en lo que desee, pero cuando eso es trasladado a la arena de lo estatal se convierte en causa de conflicto, y esas son las consecuencias de lo que nos legó la señora ministra de Educación anterior. Nuestra población tiene derecho a mejor calidad de vida y la educación en todos los sentidos, integral, es una necesidad impostergable.
LAS ESTADÍSTICAS SON FRÍAS, PERO DETRÁS DE ESOS NÚMEROS, DE ESE 20%, HAY NIÑAS QUE LLEVAN EN SU VIENTRE NO SOLO UN NIÑO, SINO TODA UNA INCERTIDUMBRE, SUEÑOS TRUNCADOS, UNA INOCENCIA ROBADA QUIÉN SABE CÓMO, UN FUTURO TRISTE.
Algo muy típico es que son las mujeres más pobres, con menos educación, las que tienen hijos antes, y eso conlleva la reafirmación del ciclo de pobreza. Mujeres empobrecidas tendrán hijos pobres también, mano de obra barata, sin calificación. Un principio del que partimos los psicólogos es que la educación en todos los órdenes debe ser lo más temprano posible, y la educación sexual más aún. No tiene nada que ver con relaciones coitales. Es un deber de las escuelas y los padres, pero si estos carecen de formación real, la situación la debe afrontar el sistema educativo para prevenir un problema de salud pública grave.
Mucha hipocresía y negligencia. Porque vemos que los casos de abuso sexual aumentan, de hecho muchos personajes de autoridad política, religiosa o educativa están siendo señalados debido a su participación probada en estos hechos, pero luego son esos mismos personajes y las instituciones que representan las que nos dicen que no se debe educar a los jóvenes y niños. Nuestro país no está exento de eso, de ese silencio cómplice y atroz que lo único que hace es poner un velo de impunidad para acallar las voces de las víctimas. El Ministerio de Educación debe salir adelante, con una política decidida, que tome como motivación la veracidad científica de lo que se está afirmando.
Siempre les digo a mis estudiantes que cuando la verdad científica, que se apoya en evidencias claras y contundentes, es incuestionable, es tarea del profesional revisar su sistema de valores y cambiar como ser humano, ponerse a disposición de la mayoría porque son quienes necesitan de respuestas a su sufrimiento. Las estadísticas son frías, pero detrás de esos números, de ese 20%, hay niñas que llevan en su vientre no solo un niño, sino toda una incertidumbre, sueños truncados, una inocencia robada quién sabe cómo, un futuro triste.
Hay que educar y punto. No admito la monacal hipocresía de aquellos que pretenden esconder la realidad con posturas ambiguas.