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Adopción, una decisión de amor y responsabilidad


Ivett Martínez de González / Licda. en Estimulación Temprana / adoptame18@gmail.com (opinion@epasa.com) / -

Viendo las noticias en un medio de comunicación televisivo, tomé la decisión de tratar de llegar a la mayor cantidad de parejas en adoptabilidad. Escuchaba en las noticias a Sor Lourdes (Hogar Malambo) decir que existe una gran cantidad de niños y niñas, si no me equivoco más de ochenta (80), en estado de adopción, pero las parejas que están optando por adoptar prefieren bebés entre 0 a 1 año, y no de 2 años en adelante, pero es tan decepcionante porque los que hemos estado en el proceso de adopción conocemos que estos niños van creciendo y “nadie los quiere”, y sufren por su anhelo de tener un hogar, una familia. Se te hace un nudo en la garganta y el corazón se te aprieta cuando te toca un niño o una niña y te pregunta: ¿me voy contigo? ¿vienes por mí? Quedamos desarmados, no sabemos qué responder porque esa sonrisa enorme que ilumina sus rostros se va desvaneciendo al ver que “no se van”.

NO ME ARREPIENTO NUNCA DE DAR EL SÍ A NUESTRA HIJA, ES LO MÁS MARAVILLOSO QUE NOS HA PODIDO SUCEDER.

Ellos solo piden amor, protección, atención, educación, que les lean un cuento en las noches, les den un beso antes de dormir, les enseñen a orar a Dios, en fin, les brinden lo básico que todo ser humano debe tener o recibir, pero sobre todo pertenecer a esa estructura familiar que les haga saber que son únicos, especiales y que es “su hijo” o “su hija”.

Créanme, futuros padres y madres, que los entiendo perfectamente, principalmente a la futura mamá que desea de todo corazón un bebé recién nacido y la comprendo porque mi esposo y yo estuvimos en sus lugares. Yo al igual que ustedes quería un bebé entre 0 a 6 meses, entre menos edad mejor, decía yo, porque así lo “hacemos a nosotros y la vamos a querer más y ella a nosotros”. Yo quería una niña y más por los designios de Dios, trabajo con embarazadas y con niños de 0 a 5 años, eso aunado a lo anterior me llevaban a insistir en ese lapso de edad.

“Adoptar” a un niño o niña no es fácil, es una decisión muy seria y responsable de la pareja, es un sentimiento de amor que te debe salir de lo más profundo del corazón, porque esa “personita” que vas a llevar a tu hogar no viene de tu vientre, pero sí debe venir de tu corazón, porque es la única forma de que le garantices que le vas a brindar todo lo que necesita: amor, porque sin eso, mejor no lo hagan.

Estaba convencida y soñaba con una bebé, su cuna, la decoración del cuarto y sobre todo la estimulación que ella iba a recibir de su “mamá”.

Pasaba el tiempo y nada ocurría, “no hay niños de esa edad “en estado de adoptabilidad”, nos respondían. Me enfurecía y frustraba porque sabía que sí había bebés, pero el “sistema” aún no los declaraba en adoptabilidad, se la pedía a Dios con todo el corazón. Es desgastante la espera por esa llamada.

Conversando un día con Dios, me di cuenta de que tal vez lo que quería no era lo que Él quería para nosotros, y decidimos cambiar el rango de edad . Dejamos abierto el sexo y la etnia ¿Cómo decidir el sexo? ¿cómo saber si presentará dificultad o no? Mi amor sería incondicional, pues de la misma manera sería con nuestro/a hijo/a adoptivo, no tienes opción, ese niño o niña no es un “paquete” que puedo devolver porque “no me gustó” o porque presenta esta u otra dificultad, por eso es que la adopción es una responsabilidad, ustedes no tienen idea el trauma que ese niño o niña sufre cuando es “devuelto”.

Al efectuar las gestiones del cambio de edad, Dios nos envió ángeles, y al poco tiempo recibimos esa llamada: “tenemos una posible niña”. Sí, era una niña de 3 años, con unos ojos preciosos y una hermosa sonrisa. Ese día, esa niña nació en nuestros corazones, es algo inexplicable e indescriptible, me imagino que eso sienten las embarazadas cuando el médico le muestra el rostro de su bebé en su primer ultrasonido. Comenzaron todos los papeleos, como la decoración de su habitación, paredes, cama, juguetes, ropa, ya se podrán imaginar.

Y al llegar ese gran día de traerla a casa, fue la experiencia más maravillosa que se puede experimentar, ser “madre”, escuchar de esa boca: mamá y papá. No me arrepiento nunca de dar el sí a nuestra hija, es lo más maravilloso que nos ha podido suceder. Jamás pensé decir esto, pero no extraño el no haber cambiado pañales, desvelarme en las madrugadas, preparar biberones, entre otras cosas; adoro lo que vivo día a día con mi hija, y si tengo que echar el tiempo hacia atrás y me den la opción de “escoger” entre ella y una bebé recién nacida, no dudaría ni un segundo en escoger nuevamente a mi hija.

Exhorto a esas parejas con deseos de dar amor a un niño o una niña, que no teman en dar el paso y darle la oportunidad de tener un hogar, educación y amor. Como medio de apoyo y compartir experiencias ofrecemos esta dirección:

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Viernes 14 de agosto de 2026