Afrodescendientes, racismo y discriminación
Luego de la reciente presentación de un estudio sobre la situación socioeconómica de la población afrodescendiente en Panamá por la Oficina Regional del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh) y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se ha hecho mucho más evidente a nivel internacional la desproporcionada situación de precariedad, extrema pobreza, discriminación y racismo en el que se desenvuelven los de esa etnia en nuestro país, lo que echa por tierra la idea de que el racismo y la discriminación solo son reliquias del pasado.
El estudio en realidad es solo un débil reflejo del cáncer que carcome nuestra sociedad. El racismo y la discriminación son tan comunes a nivel cultural; está tan institucionalizada su práctica que temo que tardará muchos años para hacer una diferencia modesta.
EL HECHO DE QUE NOS NEGAMOS A ENFRENTAR EL RACISMO DEL PASADO Y DEL PRESENTE, NO SIGNIFICA QUE EL PROBLEMA ESTÁ RESUELTO.
No hay nada que detesto más de mi país —que tiene una mezcla tan ejemplar y cosmopolita de culturas— que nuestra incapacidad de adaptarnos a una sociedad multicultural.
“Multiculturalismo”, obviamente, ha fracasado en Panamá; se juzga a una sociedad civilizada y moderna por la forma en que trata a sus minorías. El racismo no está desapareciendo, es demasiado importante para muchas personas que continúan aferrándose a esa “ideología” irracional, dañina e inútil.
Sí, todavía hay racismo rampante en mi país, lo que significa que sigue siendo un problema que tenemos que enfrentar; y seguirá siendo un problema mientras seguimos pensando en términos de raza en vez de personas. Se ha demostrado fuera de toda duda que solamente hay una raza. La raza humana. Todos los demás son construcciones sociales de la raza; un fenómeno que demuestra la forma como socialmente construimos diferencias y como guiamos esas diferencias hacia un camino absurdo y destructivo.
Si de lo que se trata es racismo flagrante o simplemente ignorancia, es difícil decir, pero sea lo que sea, no tiene lugar en este mundo moderno, donde tanta gente ha luchado, sangrado y muerto para poner fin al racismo.
Para mí, no existen las razas. Por lo que realmente me defino es por mi fe cristiana. Una cosa que la mayoría de nosotros tenemos en común y que da mucha esperanza es que la mayoría de las culturas están en constante búsqueda de verdades espirituales y valores bíblicos, y reconocen que tales verdades son preferibles a las “verdades” fabricadas de este mundo.
Panamá se enorgullece en presentarse ante el mundo como país protector de los derechos fundamentales de libertad, igualdad y de libre expresión, pero al mismo tiempo, las leyes contra el racismo y la discriminación no se ejecutan ni se obligan, y se les da muy poca importancia. En tal situación, el futuro de la población negra solo puede seguir siendo uno de duda y sometimiento continuo, especialmente por encontrarse económica y socialmente neutralizados a través de un sofisticado uso del racismo y el capitalismo, ya que la mayoría de las oportunidades de empleo en los sectores económicos dominados por grupos blancos están cerrados a los grupos negros, lo que obliga a muchos a inclinarse hacia una vida de crímenes.
La privación racial, social y económica que sufren los negros en este país existe en un nivel tan sutil, pero eficaz, que muchos negros ni siquiera reconocen que están siendo oprimidos, y de esa forma se mantienen, sin darse cuenta, dentro del clóset de la esclavitud científica.
Sí, ha habido algunos avances. Pero el hecho de que nos negamos a enfrentar el racismo del pasado y del presente, no significa que el problema está resuelto. Los crímenes violentos y la disfunción dentro de las comunidades negras no tiene nada que ver con raza, pero sí todo que ver con segregación, pobreza generacional y discriminación.
Por otro lado, hay un montón de casos en los que se ha utilizado el “humor o bromas raciales” para ocultar el racismo y la xenofobia, y la respuesta habitual a las críticas del mismo, es que los negros son acomplejados y muy sensibles. Pero la ofensa está en el ojo del receptor, no del burlón. No importa si el autor de la “burla” o insulto racial no lo encuentra ofensivo o es insensible a su impacto —porque en el fondo sabe que no habrá reciprocidad— lo que importa es que a la otra persona le resulta ofensivo.
Hoy día debe quedar bien claro para los grupos negros que hablar de su situación de desventaja ayuda, pero de nuestra experiencia, hablar es solo palabras hasta que la movilización convierte las palabras en acción; es como un cuerpo sin un corazón que late.