Agradecer favores es reconfortante
Hace unos días escuchamos en la radio una anécdota que nos pareció apropiada para la cápsula rotaria porque la gratitud es un valor, tal vez de los más grandes ya que, una persona desagradecida no merece el reconocimiento de nadie y no puede ser digna de formar parte del grupo de gente con valores cívicos y morales.
Contaban que una señora mayor estaba recluida en un Residencial para personas mayores. Su esposo la visitaba a diario y se sentaba a contemplarla, la peinaba, le arreglaba su camisón y permanecía a su lado durante una hora. A veces le conversaba aunque ella no le respondiera. Alguien le preguntó por qué esa situación. “Es que tiene Alzhaimer” ¿Por qué no le recuerda ciertas cosas? ¿Porque no sabe quién soy. Entonces, por qué va todos los días y la acompaña durante una hora si ella ni lo reconoce? Por gratitud. Ella fue mi compañera por 52 años hasta que enfermó y no tuve más remedio que ponerla en este lugar. Pero mientras estuvo sana me acompañó, me sirvió, me apoyó en la vida, me dio tres hijos y me hizo feliz. Esto es más que suficiente para que, aunque no me reconozca y piense que cada día viene una persona diferente, tenga compañía permanentemente.
Agradecer favores, recordar a quienes nos sirvieron o nos ayudaron cuando lo necesitamos, es uno de los valores mayores en la vida. Una persona que no tenga presente a aquellos que la quieren, a aquellos que se sacrificaron en un momento dado, a quienes le han dado lo que necesitaba en el momento preciso, es alguien que no puede ser reconocida por nadie. Ser agradecido con quienes han estado a tu lado es grandioso porque le permite a uno sentir la satisfacción de retribuir lo que hemos recibido aunque los demás lo hayan hecho desinteresadamente.
La madre se sacrifica por nosotros cuando somos niños, nos enseña a caminar, a hablar, a ser grandes hombres y mujeres. Lo menos que podemos hacer por ella cuando es mayor, es quererla, apreciarla, amarla y hacer que viva con dignidad. Así seremos buenos hijos y luego recibiremos lo mismo de los nuestros. Sirvamos a quienes nos han servido y con creces. Hagamos lo que esté a nuestro alcance y lo que no también por los que nos favorecieron con su cariño y su predilección. Entonces entraremos en el mundo de los valores cívicos y morales.
