Agricultura urbana
San Miguelito es el distrito más heterogéneo de la República de Panamá. En sus 50 kilómetros cuadrados de extensión se registran las situaciones más disímiles que se puedan imaginar.
Con su casi medio millón de habitantes, este distrito, compuesto primordialmente por migrantes del interior del país, presenta a la misma vez zonas con una vigorosa economía y otras con una paupérrima situación social.
San Miguelito fue creado mediante el Decreto de Gabinete 258 de 30 de junio de 1970 como un “distrito especial”, precisamente para atender con celeridad los problemas sociales que padecían sus pobladores.
La situación ha cambiado, es cierto, pero hay un amplio sector que considera que las cosas están igual o peor.
Es común encontrar en San Miguelito casas muy costosas y, al mismo tiempo, asentamientos espontáneos sin agua potable o servicios higiénicos, todo a escasos kilómetros de distancia.
Como segundo distrito más habitado del país, sufre los graves problemas sociales que sacuden a las urbes: altas tasas de desempleo, delincuencia, prostitución, desigualdad en la distribución de la riqueza y desintegración familiar.
Junto a El Chorrillo y la ciudad de Colón, figura entre las tres urbes más golpeadas por la pobreza en la República.
Es por eso que cualquier programa social, oficial o privado, que se ejecute en este distrito, es positivo y necesario.
Uno de esos es el anunciado por el Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), denominado “Tecnología para el desarrollo de la agricultura urbana en San Miguelito, que busca crear huertos en escuelas y hogares.
Mediante estos huertos se pretende producir alimentos de alto valor nutritivo para el consumo de las familias productoras y la venta del excedente.
La iniciativa arrancará en la precaria Escuela Valle de Urracá, con el fin de reducir los altos niveles de mala nutrición entre los niños del área.
El Estado debe garantizar que esta iniciativa sea exitosa y que se haga extensiva a otros lugares de este populoso y golpeado distrito.
