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Agricultura y paz, claves para el futuro de la humanidad


Recientemente, la Fundación País de Paz y el Ministerio de Justicia y Paz de Costa Rica realizaron el evento titulado “Los recursos naturales y su incidencia en la paz social”. El IICA, como participante invitado, reflexionó sobre el papel de la agricultura en la paz y a continuación presenta algunas de las ideas expresadas en tal evento.

La naturaleza es una fuente enorme de recursos tangibles, los cuales han sido utilizados por las diversas formas de vida del planeta para cumplir con requerimientos básicos, tales como nacer, crecer y reproducirse. Sin embargo, las necesidades de los seres humanos son crecientes y complejas (alimentación, salud, educación, ocupación, recreación, territoriales, etc.) y, en consecuencia, atentan contra la sostenibilidad de la especie. Afortunadamente, la presencia del conocimiento, ese recurso intangible exclusivo de los seres humanos, ha generado un modelo de desarrollo que ciertamente ha permitido, hasta ahora, responder a las demandas de las poblaciones de una manera exitosa -más para unos que para otros- pero insostenible hacia el futuro.

El modelo de desarrollo actual de la humanidad tiene aspectos positivos y negativos que existen de manera simultánea aun siendo contradictorios. Sin embargo, en un escenario caracterizado por (1) el crecimiento poblacional desenfrenado (al 31 de octubre de 2011, nacerá el habitante 7 mil millones del planeta), (2) la desigualdad y (3) el cambio climático global, el modelo debe hacer ajustes para cumplir con el objetivo de alcanzar el bienestar de la humanidad y concretar ese concepto exclusivamente humano que es la paz.

En su versión más simple, la paz pudiera ser considerada como ausencia de guerra o de conflicto, pero posiblemente la paz para la humanidad hace referencia a los deseos normalmente asociados con la ausencia de dolor, de violencia, de carencias y a la presencia de bienestar físico, psicológico, ambiental, etc. En consecuencia, la paz se convierte en sinónimo de “soluciones a problemas”.

Dentro de las contribuciones reales para la consecución de la paz, la agricultura ocupa un lugar importante debido, entre otros, al potencial que tiene en la generación de alimentos de óptima calidad y en cantidades suficientes, a la adaptación al cambio climático, a la resolución de conflictos sociales, económicos y territoriales, al uso de la biodiversidad, a la conservación de las tradiciones, a la formación de valores y a la generación de empleo.

La agricultura es una actividad que ha cambiado la faz del planeta y ha moldeado, en gran medida, el comportamiento de la humanidad. Además, se erige como aquella construcción que articula la tradición (el pasado) con el desarrollo tecnológico (el futuro) y de cuya interacción surge la sostenibilidad presente de la especie, más aún en un escenario de cambio climático, de crecimiento poblacional, de limitación de recursos y de consecuentes conflictos. Con base en lo anterior, el actual reto de la humanidad es pasar de la paz como sustantivo abstracto a la paz como ente concreto y la agricultura es uno de los medios para lograrlo.