Agroecología y desarrollo
De acuerdo con las más recientes estadísticas de la FAO, el 9.5% de la población panameña, es decir, cerca de 377 mil 663 personas, se encuentran en condiciones de subnutrición. Utilizando el concepto de personas en condiciones de inadecuación alimentaria, el número de afectados se eleva hasta 659 mil 917, los cuales representan el 16.6% de la población. Estamos, entonces, frente a una situación de inseguridad alimentaria.
A esto se añade una no menos preocupante situación de deterioro de la soberanía alimentaria. Es así, por ejemplo, que en el año 2011 nuestro país realizó importaciones de alimentos por un monto de $1,301.3 millones, mientras que apenas logró una exportación de $443.9 millones en este tipo de bienes, lo que generó un déficit comercial de $857.4 millones en el comercio externo de bienes alimenticios. La notable magnitud del valor de las importaciones de alimentos en el año de referencia se evidencia si, a manera de ilustración, se destaca que esta es equivalente al 72.7% del producto interno bruto que se generó en el Canal de Panamá.
En el reciente informe de la FAO, titulado "Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Centroamérica y Panamá 2014", se ofrecen interesantes estadísticas sobre el tema, entre las que se encuentran las referidas a la importancia de los pequeños productores. En el caso de Panamá, el documento afirma que alrededor de 2005 existían en el sector agropecuario panameño 164 mil 400 trabajadores familiares, 44 mil 100 productores de granos básicos cuya principal actividad es la agricultura, 109 mil trabajadores por cuenta propia, así como 11 mil 300 microempresarios con menos de cinco empleados. Estos y sus familias, vale la pena añadir, constituían el 69.2% de la población rural. La importancia de estos datos se aclara si se tiene en cuenta que, de acuerdo con el documento en referencia, más del 70.0% de la población en extrema pobreza se concentra en las áreas rurales del país, agregándose que la incidencia de la pobreza extrema entre los pueblos originarios es 5.9 veces mayor que la que afecta al resto de la población.
Lo anterior muestra una paradoja importante: el hambre y la desnutrición afectan fuertemente a quienes tienen como actividad la producción de alimentos. También muestra la importancia que tiene la aplicación de un conjunto de políticas públicas destinadas a proteger y desarrollar la producción familiar, así como a los pequeños productores del campo. Las mismas constituyen un instrumento indispensable en la lucha contra el hambre y la pobreza. El país, además, no puede seguir utilizando una buena parte de su generación de divisas a fin de adquirir alimentos en el exterior, los cuales en buena medida pueden ser producidos internamente.
UNA MEJOR OPCIÓN ESTÁ EN LOS CRITERIOS DEL LLAMADO ENFOQUE DE LA AGROECOLOGÍA... ESTA MANERA DE PRODUCIR SE BASA EN FORMAS EFICIENTES DE PRODUCCIÓN INTEGRADA, QUE LIMITAN EL USO DE INSUMOS EXTERNOS, A LA VEZ QUE PROMUEVE LA BIODIVERSIDAD, LA CONSERVACIÓN DE ENERGÍA Y EL CUIDADO DE LOS RECURSOS HÍDRICOS.
En términos del enfoque necesario para estas políticas alternativas se debe partir señalando que, tal como lo demuestra la experiencia, la simple aplicación de la visión de la agricultura industrial, con su concentración de tierras, el uso intensivo de insumos nocivos al medioambiente, la monoproducción que daña la biodiversidad y agota la tierra, el mal uso de los recursos hídricos, el uso de organismos genéticamente modificados y la dependencia de las cadenas de comercialización controladas en forma de monopolios y oligopolios internacionales, no son una salida adecuada a la situación existente. La aplicación de esta estrategia llevaría al simple desarraigo de los pequeños productores del campo, quienes quedarían marginados de sus medios de vida. También significaría una creciente situación de carencia en términos de la soberanía alimentaria.
Una mejor opción está en los criterios del llamado enfoque de la agroecología, el cual opera dentro de las orientaciones que buscan asegurar condiciones de vida digna para los pequeños productores, lo que se logra desarrollando los criterios de seguridad y soberanía alimentaria, a la vez que se busca instaurar las condiciones que aseguren la justicia social para los consumidores de las áreas urbanas. En esta visión, la producción se sostiene sobre el acceso seguro de los productores a la tierra y el agua, aprovechando los conocimientos tradicionales y los que surgen de la ecología moderna. Esta manera de producir se basa en formas eficientes de producción integrada, que limitan el uso de insumos externos, a la vez que promueve la biodiversidad, la conservación de energía y el cuidado de los recursos hídricos.
La agroecología aparece, entonces, como la opción racional para enfrentar los graves problemas de los pobres del campo en nuestro país, así como para hacer avanzar la seguridad y la soberanía alimentaria. Lamentablemente, la misma ni siquiera se menciona en el Plan Estratégico de Gobierno 2015 ? 2019.