Agua que no has de beber… cuídala
El conflicto indígena es producto, en gran medida, del resabio y abandono de las administraciones gubernamentales.
Cada vez que se instala una hidroeléctrica, se tiende a reubicar a los habitantes desplazados quienes reciben sumas ridículas por sus tierras obligándoles a migrar. Para los indígenas la instalación de hidroeléctricas ha sido una experiencia amarga, algunos aún esperan indemnizaciones por proyectos que se instalaron hace ya 10 años. Pero no todas han tenido este sabor; hay hidroeléctricas positivas, en Tortí por ejemplo, en contraste con Alanje, donde el río se secó a causa de las múltiples concesiones otorgadas en el mismo río, sin que el gobierno contemplara estas consecuencias. Esta irresponsabilidad recayó en las comunidades que no pudieron cultivar sus productos por la sequedad del río.
El problema es que los gobiernos en su afán de impulsar la generación eléctrica no han sabido plantear una política planificada. Por ejemplo, algunos expertos cuestionan la importancia que a lo largo de las administraciones le han dado a las hidros cuando antes no se han planteado un plan de ahorro serio que coadyuve a regular el consumo; tampoco se ha hecho una buena planificación de la cantidad de las concesiones dadas para el aprovechamiento del agua en un río, o se exploró la energía solar, o eólica.
El justo reclamo de los indígenas merece que el gobierno haga un replanteamiento del tema a nivel nacional, pues por años nadie les paró bolas y con el tiempo estas protestas fueron acentuándose con un historial de desconfianza tanto en empresarios, por la falta de indemnización, como hacia los gobiernos de turno por la falta de atención.
Surge entonces el cuestionamiento de la proliferación de hidroeléctricas vs. la protección ambiental y la posibilidad de que parte de esta generación se venda al exterior. La venta de energía al exterior es parcialmente cierto, hay esperanza de ciertos países de Centroamérica de comprar a futuro la energía en Panamá.
Igual sucede con la interconexión con Colombia, en este caso y se vende la energía a centroamericana tendríamos una sobreproducción que no necesariamente bajaría los precios para el consumo nacional porque imperaría la ley de oferta y demanda. No obstante, esta crisis es demasiado buena para perderla, los diferentes sectores deben sentarse a negociar un plan nacional de energía, y las distintas organizaciones deberían aportar al tema con una visión nacional de responsabilidad social. De lo contrario nos veremos ante el mismo problema pero más agravado en cada ocasión.
Periodista.
