Al gobierno lo salva la campaña de final de año
Debilidad. Eso es lo que el gobierno de Juan Carlos Varela ha demostrado en las últimas semanas. La fallida elección del contralor y de los procuradores de la nación ha desnudado las falencias en materia de iniciativa política del Gobierno. Y no solamente eso, el Gobierno adolece de un negociador transversal. Lo que los futbolistas llaman el técnico en la cancha. Ese ministro que va por delante del presidente preparando los acuerdos y negociando lo que se tenga que negociar para que el presidente no quede mal.
En algunas ocasiones, ese papel recae en un grupo de asesores presidenciales muy cercanos al presidente, que normalmente despachan a metros de él. Pero no necesariamente tratan con él. Y es aquí donde el presidente debe hacer su primer ajuste.
Todo parecía indicar que el “bombero” de este Gobierno sería el ministro de Gobierno, Milton Henríquez. Su bagaje político hacía pensar eso sin ninguna duda. Pero luego de ver por televisión, la forma como el presidente Varela lo miró aquella mañana en la terminal de transporte cuando los conductores de metrobús paralizaron sus operaciones, me quedó claro que se le había acabado el crédito político al mencionado ministro.
Conocí al actual presidente en la campaña presidencial de Alberto Vallarino. Es una persona metódica, reservada y, como ya todos lo han notado, toma su tiempo para decidir las cosas. Lo otro que pude notar en aquella ocasión era que no daba segundas oportunidades tan fácilmente. Creo que muchos de sus colaboradores actuales no saben esto último.
Así las cosas, el actual gobierno ha llegado más complicado de lo que debería a la época del año donde ya los ciudadanos ponen atención en otras cosas. Luego vendrán los Carnavales, la Cumbre de las Américas y, finalmente, la Semana Santa. Para entonces, los ministros deben haber madurado su andar, y evitar nuevos tropiezos al presidente.
La forma como la ciudadanía ha seguido lo sucedido al ahora magistrado de la Corte separado, Alejandro Moncada Luna, ha abierto una caja de Pandora que podría dar pie al inicio de un ciclo inédito para los políticos actuales, y es la búsqueda de transparencia al detalle. Y ya circulan fotos y relatos que demuestran que la gente no está para mirar para otro lado ante la posibilidad de detectar un caso de corrupción.
Veo al Gobierno sin rumbo. Y la culpa no es del presidente, aunque así podría parecer. Él lo sabe. De lo que estoy casi seguro que es así, es que no sabe quién o quiénes son los responsables de esta situación y de la necesidad del ajuste en el nuevo rumbo. Borrar de la agenda presidencial la reforma constitucional ha trastocado toda la agenda que tenía a esta reforma estructural del Estado como principal en cartelera.
El país necesita que el Gobierno sea lo más estable posible. Si se pudiera llegar al final del periodo con el mismo gabinete, sería ideal. Para que esto suceda, se debe trabajar en equipo. Siempre existe la posibilidad de que algún ministro se la crea y no entienda que la garantía de un excelente resultado en el trabajo gubernamental es hacerlo de manera coordinada con el ministro de la presidencia y en equipo con el resto de los ministros. En el momento que aparezcan individualidades para sobresalir y buscar réditos que ayuden a una posible elección a un puesto en el 2019, se complicarán las cosas.
Ahora es el momento de recargar fuerzas. Mientras la mayoría de los panameños gozamos las fiestas patrias y nos preparamos para la Navidad, pasará desapercibido la elección del contralor y otros puestos claves.
El ejecutivo debe aprovechar y entender la situación. Es cierto que a la gran mayoría de los panameños el tema de la Corte Suprema de Justicia no les importa, ya que sienten que no los afecta en absolutamente nada, pero cada vez más, el pueblo va tomando conciencia que los que la hacen la deben de pagar.
El presidente debe reorganizar su equipo de trabajo más cercano y ponerlo en función de atención a crisis diarias, a tareas específicas y a seguimiento de acciones que se definen en los consejos de gabinete.
Lo que normalmente sucede es que los mandatarios se preocupan por lo que aparece en los medios de comunicación. Si el presidente Varela se da cuenta de que él no está para leer los titulares de los medios, sino más bien hacerlos él mismo, llegará al final de su mandato con la tarea completada. Es hora de los ajustes.