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Al hermano lobo en la política


Arnulfo Arias O. / Defensor de los Miembros Partido Panameñista (opinion@epasa.com) / -

Se dice que por allá por el siglo XII, en la ciudad italiana de Gubbio, un enorme lobo causaba terror en toda una población. Con una irreverencia total a la cadena alimenticia, pasó la bestia a tener predilección por presas humanas también. La desesperación y el miedo de la población no tenía precedentes. Vivían todos en un estado de constante zozobra ante la amenaza real de perder a los suyos. Armados debían salir de sus hogares y armados debían volver, si es que acaso el lobo les permitía regresar. Como suele suceder en momentos de desgracias, se recurrió a la fe, implorando apoyo divino y convocando a un hombre que sí tenía acceso directo al Creador. Y así, San Francisco de Asís acude sin reparar ante el llamado de la población y de la fe.

Al “hermano lobo” el santo Francisco le habló, y logró así acortar la distancia entre la bestia y el hombre; apaciguando en uno el ataque y en otro la necesidad de luchar. Pero no es necesario remontarnos a tiempos tan remotos de la historia de la humanidad. A veces, con el transcurso del tiempo, en el pasar de los días, y hasta en la militancia de un partido político, encontramos dirigentes que, como la depravada bestia de Gubbio, en vez de paz, buscan la guerra, y en vez de aliento dan colmillo. No parecen entender la pasividad necesaria que se requiere una vez que se ha ganado la cumbre, y su lucha persiste igual de violenta cuando comienzan que cuando terminan. Y aquellos que en un principio fueron las víctimas de su apetito voraz de encumbrarse, se convierten después también en sus peores adversarios, por decisión propia de un perpetuo agresor. Así que la lucha no termina nunca para el que entra en política con esa disposición natural del predador y de lobo. Pero hoy tal vez llega el momento de extenderle la mano a ese “hermano lobo” y de hacer un pacto de paz, siempre que sea recíprocamente retribuido con esa misma paz con la que uno aproxima. Y así, hay que decirle al “hermano lobo”: apacíguate. Daño has hecho, incontable ha sido tu tormento, víctimas innumerables has dejado en tu camino. Pero hoy te tendemos el puente para que cruces las aguas de ese río que antes teñiste de pura violencia. Apacíguate, “hermano lobo”, y deja de ser tormento para que la masa entera de tu propio partido, al que políticamente debes tu existencia misma, te tienda la mano y te vuelva a alimentar, si no, por cada tormento infligido, encontrarás con el tiempo solo tormento y solo aflicción.

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Viernes 14 de agosto de 2026