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Al Presidente Martinelli se le está cayendo la careta


La confusión y el caos acompañaron el Viernes Negro que recordamos dolorosamente como el mayor caso de represión y tortura de los últimos tiempos y el pasado jueves 8, el Presidente Martinelli y su gobierno siguieron el ejemplo de los militares que nos desgobernaron aunque guardando las proporciones de lugar y contexto en donde se dieron los hechos.

Llamó la atención, según diversas fuentes, que a los manifestantes les descargaran los disparos de perdigones a la cara o que la Policía no hubiera tenido cuidado de evitar esa posibilidad. Según las diferentes fuentes para el segundo día de disturbios, por lo menos 23 de los heridos necesitaban tratamiento u operación por heridas en los ojos y había quienes quedarían ciegos. Otras fuentes mencionan 40 heridos en los ojos de parte de los manifestantes en la totalidad de los disturbios. Específicamente en esto sobrepasaron los peores momentos de la dictadura. Además, hay que contar de 150 a 200 heridos entre los manifestantes y 33 heridos entre los policías.

¿Por qué busca el Presidente Martinelli esta confrontación cuando él lo ha tenido casi todo tan fácil económica, interna e internacionalmente para hacer una buena gestión?

Comprobando que la pluralidad de temas le permite cierta flexibilidad para encubrir la naturaleza de su legislación cara al público en general, con su mayoría legislativa en la Asamblea ha elaborado una serie de normas lesivas a la dignidad social y ciudadana, a las conquistas obreras, a los derechos ambientales y humanos, y ha abierto el dique para que la Fuerza Pública haga uso de la fuerza excesiva e injustificada, todo esto y más en un solo texto, la ley 30 de 16 de junio este año, que es conocida con diversos epítetos que reflejan el rechazo popular y la probable inconstitucionalidad que la caracterizan.

Estas normas adoptan una estrategia diferente al propósito fundamental, la continuidad de Martinelli en el poder más allá del año 2014. El primer proyecto de esta ley sugería que por vía de consulta el Presidente podría cambiar la Asamblea, e incluso se infería la posibilidad de proponer a consulta popular sobre la reelección inmediata y más tarde sobre la indefinida, a la manera de Chávez, lo que era una puerta francamente abierta para este propósito. Este documento fue retirado con la excusa de que tal propuesta había sido un ‘desliz’ en la referencia al cambio de la Asamblea.

Ahora con la nueva ley resultante se busca debilitar, y si es necesario erradicar, el poder de la sociedad civil y de los partidos políticos a oponerse a cualquier plan presidencial. A los primeros se les cuestiona la manera de atraer miembros a sus organizaciones y de hacer que paguen las cotizaciones requeridas para su funcionamiento y a los otros se les trata de socavar uno a uno sus representantes elegidos, para así lidiar con ellos desde una posición de torcida ventaja.

Quien no ve esto no puede comprender la lógica de la actitud del Presidente Martinelli, que en una noche pide perdón por sus errores y la mañana siguiente acusa a los medios de comunicación y a los partidos políticos opositores de atacarle.

¿Qué hay detrás de todo esto? Al estársele cayendo la careta el Presidente ha demostrado un insaciable apetito de poder como insaciable ha sido su avidez por el dinero.

Si atendiera al clamor popular e hiciera lo necesario para que se elimine esta ley, tendría la posibilidad de recuperar el rumbo para que su gestión resulte exitosa. Si no, el momento cuando habría que pararlo es ahora, para que nuestra democracia llegue a ser auténticamente incorrupta y transparente, productora de bienestar para los que menos tienen y abierta a los soplos del espíritu, o de otra manera cualquiera acabará con ella.

ariyan@cableonda.net