Al rescate de la educación panameña
Es conveniente repetirlo una y mil veces: Panamá valora en alto grado la educación. ¡De eso no hay duda! Ve en ella el requisito indispensable para el desarrollo y quiere avanzar hacia una educación de mucho más calidad y verdaderamente justa. Nos corresponde particularmente, en razón de nuestra condición de educador por dedicación fundamental, mostrar caminos, hacer recomendaciones y sugerencias para mejorar la calidad de la educación que se ofrece en las escuelas y colegios (oficiales y particulares) de la República a todos los niños, niñas y jóvenes panameños, sin importar su origen social, económico y cultural.
Las aspiraciones a un perfeccionamiento de la enseñanza nacional se han manifestado desde hace muchos años, sin que las medidas y reformas parciales adoptadas permitieran alcanzarlo. Y esto se ha debido a que cada vez se intentó reformar la educación por algunos de sus aspectos, sin considerar integralmente el problema. Pero, durante el último decenio, por efecto de la politiquería, el nepotismo y los escándalos producidos por corrupción en el manejo de los fondos destinados a la educación (FECE), las denuncias de títulos, diplomas y nombramientos fraudulentos y la baja calidad de la enseñanza que se imparte, una reforma parcial referida solo a la “transformación curricular” (2009-2014), informan sobre la grave crisis por la que atraviesa la educación nacional.
LA EDUCACIÓN ES LA COMUNICACIÓN QUE UNA GENERACIÓN HACE A LAS NUEVAS GENERACIONES DE UNA CULTURA Y DE UN CONJUNTO DE CONVENCIONES Y CONVICCIONES QUE COMPARTE.
Hoy estamos frente al imperativo de conseguir desarrollo económico y social, para lo cual nos hemos fijado metas, aceptando, asimismo, reformas estructurales en la actividad agropecuaria, tributación y administración nacional. Pero esos propósitos, por más que se adelanten a través de la legislación nacional, seguirán siendo letra muerta si no cambiamos fundamentalmente la estructura de la enseñanza en Panamá.
Además, científicamente se ha comprobado que todo lo que se dé a la promoción de la educación en el país no debe considerarse como un gasto de la Nación, sino como una inversión que reditúa –a mediano o largo plazo— en el desarrollo económico y social y en el bienestar general de la patria. Así se podrán hacer economías en otros gastos y en otros ministerios, pero no se puede hacer alguna en el Ministerio de Educación, si se pretende levantar al país de su postración. Por el contrario, es necesario incrementar todo lo posible el presupuesto del sector educativo (debe ser el mayor del Presupuesto General del Estado, como en el pasado), pero, a su vez, velar porque ese incremento rinda los mejores frutos. Urge, además, la implantación de una política económica dinámica y flexible en los servicios educativos. Resulta hoy día que el problema educativo se traduce en una exigencia social para proporcionar más y mejor educación a una población mayor que la que reclama con insistencia.
¡EL AULA ESCOLAR ES, SIN DUDA, EL LABORATORIO DE APRENDIZAJE POR ANTONOMASIA Y EXCELENCIA!
Por otra parte, es desde todo punto de vista necesario un serio estudio sociológico, que tenga en cuenta, entre otras cosas, el aumento demográfico, el futuro industrial y turístico, la ubicación real de los estudiantes egresados en los últimos años de educación media, presida un plan orgánico de orientación de nuestra enseñanza, que determine las clases de institutos que nuestra juventud necesita. Los resultados de este estudio será ver si responden a las reales necesidades de nuestra patria los distintos establecimientos en que se prepara la juventud. Frente al análisis de los aspectos señalados, quedan por analizar otros no menos importantes: la Planificación Integral de la Educación.
Destacamos esta experiencia porque ella ilustra muy bien la naturaleza misma de la tarea de construir un sistema educativo en una sociedad. Al fin de cuentas la educación, en su sentido más simple y universal, es la comunicación que una generación hace a las nuevas generaciones de una cultura y de un conjunto de convenciones y convicciones que comparte.
Mientras otras actividades pueden apoyarse para lograr calidad en la riquísima y acelerada innovación tecnológica, en educación el secreto del éxito sigue siendo el establecimiento docente en el que un equipo de maestros y profesores logra acuerdos, comparten metas y entusiasmos y los traduce en relaciones pedagógicas valiosas que permiten el aprendizaje de los estudiantes. ¡El aula escolar es, sin duda, el laboratorio de aprendizaje por antonomasia y excelencia!