Albergues turísticos
Tal rayo de luz se acerca la Jornada Mundial de la Juventud, programada la semana del 22 al 27 de enero 2019, a la que se espera la convergencia de medio millón de jóvenes católicos, la mayor oleada de visitantes al Istmo en su historia. Sin duda alguna, los pormenorizados detalles de logística para este reto particular corresponden no solamente a las autoridades eclesiásticas del Vaticano, sino también al Gobierno Nacional y, muy particularmente, a cada uno de nosotros, con nuestra hospitalidad, cariño y albergue. Por allá a inicios del 2008 cuando aún se discutía la Ley 8 que creó la Autoridad de Turismo de Panamá, en reunión con el entonces director del Instituto Panameño de Turismo, Rubén Blades, recuerdo conversamos sobre la creación de albergues turísticos para poblar el país de lunares de hospedaje que sirviesen una labor educativa y a la vez fuente de ingresos para compatriotas en todas las provincias del país, frutos de su patrullaje doméstico que le ilustró sobre las carencias en esa materia a nivel nacional. En 1970, a raíz de mi visita a Francia como adolescente y porque, a pesar del resplandecer de su capital, el país galo va mucho más allá de París, comprendiendo las campiñas de un legado evidentemente agrícola, preñadas en uvas y dotadas de una exquisita gastronomía regional, las montañas de los Alpes y las playas de la Riviera, opté por trazar mis visitas a través de la guía Michelin y el popular tomo "Europe on $5 a day", hospedándome en una veintena de variados sitios de la red de hospedajes de Auberges de Jeunesse. Sin duda alguna fue una experiencia enriquecedora que me permitió intimar la patria de la Marsellesa y apreciar detalles que profundizaron mi vocación por el turismo.
En 2009, durante una expedición a Calovébora en la costa caribeña de la provincia de Veraguas, al finalizar la tarde, nuestro 4X4 quedó estancado en un lodazal a la altura del poblado de Río Luis. A un costado del camino, convenía lo que denominé después el "Hotel Blanco Rodríguez", humilde morada a dos pisos donde pernoctamos en hamacas posterior a un sancocho de gallinas pescuezipeladas de patio que preparó con especial esmero nuestra anfitriona, despertando al amanecer con el kikiriki de los gallitos y el olor a leña y café de ahí, de la serranía veragüense. El improvisado albergue y la hospitalidad de la familia Blanco Rodríguez guarda por siempre un especial recuerdo en el alma y fue harto bien remunerado posterior a la tarea, en que participaron los lugareños, de rescatar en la mañana el auto.
En 2013 tuve el honor de liderar el primer escalamiento por empresarios del cerro Pechito Parao en Darién, donde Balboa desde su cima había avistado el Mar del Sur 500 años antes. Trasladándonos de ciudad capital a Santa Fe, donde abordamos vehículos 4X4, cruzando el poblado de Cucunatí hasta Quebrada Eusebio, nos vimos obligados a pernoctar en la escuela a falta de un parador en un sitio que debe ser por siempre magneto de turismo mundial, a la par del Canal de Panamá, pero que todavía no hemos descifrado como tal, por falta de imaginación y creatividad.
Sería bueno en este momento dedicarle una sesuda sesión de aglutinamiento de ideas, el Estado, el sector privado y las vivas voces de cada sector de la sociedad civil, para fraguar una ley de incentivos de toda índole para forjar a corto plazo la creación de albergues turísticos a lo largo y ancho del país para que aquellos jóvenes que nos visiten gocen de las mismas vivencias que experimenté hace más de cuatro décadas en Francia y que ellas sirvan como el recibir el cuerpo de Cristo en comunión, para la venta de país que tanto necesitamos alrededor de repetidos escándalos, para que aquellos jóvenes sean portadores por siempre del espíritu de Panamá y se conviertan en nuestros mejores embajadores alrededor del globo terráqueo. ¡Es una brillante oportunidad para desarrollar un concepto "ganar ganar" para todos! ¡Hagámoslo!
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