Alberto Quirós Guardia
Si tuviera que sintetizar lo más sublime, en ese intercambio de ideas que empezó cuando fuimos presentados por el profesor Edwin Molina, director del colegio Manuel María Tejada Roca de Las Tablas, en agosto de 1968, fue su entusiasmo por estimular a los demás a progresar.
Por ironías de la vida, los encuentros con la persona que más he admirado, no solo por sus principios, sino por su forma valiente de decir las cosas, amén de la capacidad de tolerar y escuchar cuando no se estaba de acuerdo con lo que planteaba, fueron limitados, por lo que, encontrarme con él, siempre fue emocionante y grandioso.
Siendo muy joven, sin rumbo fijo en la vida, participaba en su emisora Radio Impacto. En 1969, conseguía discos típicos con Ceferino Nieto, Teresín Jaén y Dorindo Cárdenas. Me llevaba a su casa. Recuerdo que un día me dijo: "Es bonita mi esposa, ¿verdad? Me sonrojé. De sus hijos, solo recuerdo a una niña pequeña y Albertín, que tenía como ocho años, pues ya se le había caído un diente.
En 1970 me fui a las montañas de Los Santos, a servir como maestro. Muchos años después, una noche escucho por la radio una entrevista que le hacen en el aeropuerto de Tocumen. Le preguntaron los periodistas: "ahora que regresó del exilio, a qué se va a dedicar". ?El profesor Quirós responde con firmeza y seguridad "me dedicaré al único oficio que he aprendido a hacer en mi vida: generar ideas".
Me traslado a Panamá, y comienzo mi lucha, turbulenta, informal, desordenada, inconstante, pero persistente en la Facultad de Derecho.
En los años ochenta, mientras caminábamos en la Universidad, tímidamente le dije que admiraba la figura del General Torrijos, apenado pues sabía que los militares le habían hecho mucho daño.
- Admirable su actitud. Se detiene mientras yo casi no podía respirar. Me dice: "Piensa lo que quieras, pero lucha, no dejes de luchar".
En 1999, contraté una hora de radio semanal para mi programa típico "La inspiración del poeta". Fue cuando estuve más cerca de su persona, pues pronto me fui a trabajar a Portobelo, y allá no entra la señal de la emisora.
En los últimos años visitaba la emisora, más que para opinar, encontrarme con mi héroe.
Recuerdo que en el último programa se disgustó porque a preguntas que me hacía, yo respondía con evasivas. Después me pidió disculpas. No me atreví a decirle que era que tenía miedo de hablar. Y es que los Alberto Quirós Guardia no nacen todos los días.
Hace una semana me encontré con Luzcando, locutor, y me dice que llame al profesor, que hace un mes no va a la emisora, que está muy enfermo, que una llamada le hacía bien.