Alboroto colectivo
N o había visto una situación como la que vivimos hoy los panameños y los extranjeros que conviven con nosotros, no logran comprenderlo; se reirán algunos y se preocuparán otros. Estoy en el grupo de los segundos ya que veo cada vez más una confusión en nuestro diario andar y, lo peor, pocos son conscientes de lo que sucede ahora en Panamá. Muchos están inmersos en sus problemas económicos y no ven el social. Otros prefieren alejarse de la política y dar la espalda a los acontecimientos como si estos fueran de esa índole.
Los agrupados están inmersos en sus propias situaciones y no se asoman a mirar el contexto de lo general que es lo preocupante. Los empresarios se preocupan por sus negocios; los políticos por el poder; los periodistas por crear noticias a veces alborotadoras; los usuarios por el alza de la vida y los necesitados están para que les solucionen sus problemas.
Entonces, ¿a dónde iremos a parar si no enderezamos lo que sucede en el país? Algunos medios de comunicación publican noticias que exaltan el ánimo de la gente y todos la comentan el mismo día, aumentadas y corregidas. Lo tomamos como una telenovela en la que cada día se presenta un capítulo que, muchas veces no se complementan, pero las personas las hilvanan y las convierten en la comidilla del momento.
Pasadas dos o tres semanas, aparece en los diarios otro “escándalo” y la gente olvida el anterior para dedicarse al nuevo, sin pensar que nos han dado un caramelo y nos lo han quitado para darnos una pera. Y continuamos comiendo lo que nos ofrezcan, con tal de tener de qué hablar. Y así vamos andando sin solucionar los problemas importantes del país porque nadie lo exige por estar estancados en los comentarios diarios. En esa manera vemos deshacerse el país, vemos desvanecerse las esperanzas de lograr la estabilidad económica, política y social y los panameños continuamos viviendo del pasado.
Nadie habla de los problemas educativos, de salud, de trabajo, de viviendas caras; pocos se quejan de la falta de medicamentos en el Seguro, de la falta de solución a los cupos médicos y de laboratorios y radiológicos. Los 17 que deciden protestar y cerrar calles tienen suerte que no se los lleven presos cumpliendo con la ley, pero a la larga no consiguen nada y regresan frustrados a sus casas.
Debemos finalizar con este comportamiento y trabajar para engrandecer el país en lo social, la educación para salir de la pobreza y la ignorancia que rodea nuestra juventud por intereses creados de los educadores y algunas autoridades. Somos privilegiados y debemos aprovecharlo.
