Alemán y Johnson, héroes de la Patria
“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” Juan 15: 13. Para el tiempo en que ingresé como socorrista a la Cruz Roja Panameña en Colón, era la época en que valiosos jóvenes colonenses cumplían su etapa en el cuerpo, para darle prioridad a sus estudios universitarios, entre ellos, se encontraba el hoy procurador General de la Nación, José Ayú Prado, el expresidente de la Cámara de Comercio de Colón, Luis Coronel y el exgerente General de la Zona Libre de Colón, Jorge Fernández, conocido como “Yoyi”. De ese grupo, me tocó todavía compartir aún muchas experiencias con “Sombra”, “Pachá” y “Cuí”, el hoy doctor Edgar Omar Coto y qué decir de Efraín, mucha gente cree que las canas de Jorge eran hereditarias, pero estoy seguro de que más de la mitad de ellas se las sacó “Orcasitas”.
Entre ese grupo que encontré en la CR, se destacaba por su don de gente, espíritu de cuerpo y don de mando, Jorge Alemán, al que conocíamos como “Rata”.
A partir de ese momento, se inicia una etapa muy especial en mi vida, pero pronto me pude percatar de que el apoyo de la Cruz Roja a la comunidad se daba en situaciones en las cuales se arriesgaba nuestra propia vida en los entrenamientos, tal como sucedió con la pérdida de Fabiancito Salazar, en el Lago Gatún, así como en situaciones reales como disturbios, inundaciones y sobre todo la invasión de Estados Unidos a Panamá, que se constituyó en la graduación del voluntariado Cruz Rojista en situaciones de conflicto extremo.
El voluntariado en la Cruz Roja exige desprendimiento y dedicación muy por encima de nuestras propias condiciones personales, como fue el caso de Tony Béliz, el cual a pesar de sus limitaciones físicas siempre estuvo presente en todo, hasta que finalmente su cuerpo no aguantó más y partió muy joven de la vida terrenal. En todas y cada una de estas actividades y operaciones siempre estuvo “Rata” como líder, pero sobre todo, como amigo preocupado tanto por el éxito de la misión como por la seguridad del personal a su cargo.
Jorge no era de las personas que se conformaba con dirigir desde una oficina las operaciones, siempre estaba presente al frente de cada una de ellas, incluyendo aquella de rescate de un grupo de compañeros que se extraviaron en la espesura de la selva del Lago Gatún, entre los cuales estaba Gabriel Caballero.
Siempre tenía tiempo para el consejo, la guía y la palabra amiga con todo el voluntariado de la CR. Más adelante, cuando me desempeñaba como director de la Legión de Voluntarias, vi llegar un día a un joven de una estatura impresionante, muy delgado y pregunté que quién era y me dijeron que era un pelao que quería ser voluntario de la Cruz Roja. Sus inmensos pantalones y su sonrisa siempre a flor de labios, hizo que Fernando Johnson proyectara su don de gente y respeto extremo hacia los compañeros. Nunca ponía un pero a las asignaciones otorgadas.
El día en que Jorge y Fernando salieron a verificar el estado de la carretera Transístmica, estaban muy lejos de pensar que esta sería su última misión.
El socorrista nunca piensa en ello, solo se preocupa de ayudar a los demás. Quién hubiera podido pensar que un simple recorrido se iba a convertir en el último de Jorge y Fernando. Aún cuando su vida estaba en peligro, dieron un último testimonio de heroísmo, al poner el auto en reversa para permitir que los compañeros que viajaban en el vagón tuvieran oportunidad de saltar.
Jorge Alemán y Fernando Johnson realizaron el más grande de los sacrificios pero sobre todo mostraron el más grande amor que sentían por todos aquellos que enfrentaban la necesidad del auxilio inmediato, se convirtieron en héroes de la Patria y como tal, siempre deben ser recordados, ya que en todas y cada unas de sus acciones demostraron lo que los voluntarios de la Cruz Roja de todo el mundo han tomado como su lema, tal como lo expresara la Madre Teresa de Calcuta “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.