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Alerta roja, entre la moral y la ley

Por: Redacción 07/07/2016

El lado oscuro de la humanidad se llama intimidad, no recuerdo en cuál de mis lecturas clásicas lo leí, pero sé que la Biblia hace mucha referencia a la oscuridad y a las tinieblas y que todas las cosas que llevamos dentro de nuestro mundo oscuro lo vomitamos por el corazón a través de la boca. Marcos 7, 21, 22, 23.

Dice, también la Mitología griega, que Zeus le entregó a Pandora una caja con todos los males de la humanidad y luego la colocó en la tierra junto a su compañero Epimeteo para que la cuidaran. Epimeteo lleno de curiosidad abrió la caja y dejó escapar a todos los males que se esparcieron por la tierra quedando en el fondo de la caja la esperanza, nadie sabe por qué, a lo mejor para ver si algún día la humanidad cambie para bien, pero como van las cosas aquí en Panamá lo dudo. Es como dice una vieja canción “esperanza inútil”.

 

Lo que deseo señalar es que vivimos en un mundo más malo que bueno y que de una u otra forma nos hemos organizado para administrar el mal. La PALABRA dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno y el mecanismo de la discriminación es el pecado. Con el secreto de confesión la Iglesia alivia la carga de nuestras culpas y espera que con el acto de reconciliación con Jesucristo seamos salvos. Juan 3:16, 19 “Y esta es la condenación, porque los hombres amaron más las tinieblas que a la luz, porque sus obras eran malas.”

 

No importa si eres creyente o no, la Iglesia y la ley protegen nuestro derecho a la intimidad. Nuestra Constitución dice en sus artículos 26, 29, que el domicilio y la residencia, así como la correspondencia y toda comunicación privada son inviolables salvo por orden de autoridad competente. En Derecho existe lo que se llama el legislador, que es la pena que se pone según la gravedad del delito, escala que puede oscilar por ejemplo entre uno y seis legisladores o sea que según la gravedad del delito se otorga desde la pena mínima hasta la máxima que en otros países es la pena capital.

 

En ese sentido es justo reconocer la diferencia que existe entre la intimidad doméstica de bajo perfil muy propia del mundo de la chismografía, de los fisgones, de los enfermos mentales y ni tanto sino de los vidaajenas. La otra intimidad es muy seria y tiene que ver con la seguridad nacional. Recuerdo el caso de los esposos Rosenberg, que fueron llevados a la silla eléctrica por robar secretos al Gobierno de los Estados Unidos a favor de un gobierno extranjero. El caso de Los Papeles del Pentágono, publicados por el New York Times. El famoso caso Watergate, espionaje político puesto al descubierto por los reporteros del Washington Post, Bob Woodword y Carl Runstein que provocaron con su investigación la caída de Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos de Norte América en ese entonces. ¡Aquí cerca!, en la hermana República de Colombia el caso de la señora Pilar Hurtado y seguidamente, pero muy diferente a los casos mencionados, los famosos pinchazos, revestidos de movimientos domésticos y pueblerinos sin que el público sepa qué dicen los pinchazos y si están a la altura de un Watergate o de un drama pueblerino lleno de humor negro.

 

Después de la audiencia de la rebeldía, el periodista excelente de canal 13, Alvaro Alvarado, en una rápida entrevista con Ricardo Martinelli, le sugirió, por qué mejor

no compensaba a los querellantes y se salía del lío, el señor Martinelli se negó rotundamente. Un viejo farmacéutico allá en Colón decía: “Nada quita mejor los dolores del cuerpo y las penas del alma que el dinero“.

 

Las entrevistas del periodista Alvaro también mostraron, que el asunto de los pinchazos y todo lo que ha tocado su resorte se dio por la denuncia de una dama en contra del señor Gustavo Pérez, y según cuentan fue por un resentimiento amoroso.

 

Los querellantes de los supuestos pinchazos son personas comunes, amigos de todos con una vida política muy folclórica que no cesan de ser noticia, principalmente hoy cuando son los protagonistas de una Alerta Roja que en el mundo camina con los zapatos de la moral y la ley.

Periodista

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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