default

Algo más que palabras

Por: Redacción 07/03/2015

Me asusta el mundo que no considera la igualdad de derechos para las minorías o la independencia del poder judicial, que mira hacia otro lado ante la multitud de migrantes desaparecidos en el Mediterráneo o que para controlar el orden público utiliza la fuerza militar, porque es preciso evitar que en nuestro corazón se levanten muros de resentimiento y venganza. Realmente da miedo levantarse cada día y tragarse las muchas peleas, las muchas divisiones, los muchos desconsuelos. En ocasiones pienso que estamos dispuestos, con nuestro aluvión de actitudes negativas, a poner fin a nuestra propia historia, la de la especie humana. Millones de personas huyen del terror sin entender nada. Hasta en las mismas familias se terminan historias sin ninguna explicación, sin un camino de acercamiento, sin poder aclararse la situación. Hace tiempo que hemos olvidado el camino del humilde diálogo para construir o reconstruir la convivencia. Quizás no sea tan necesario alzar la voz, sino escuchar y hasta doblegarse, para edificar puentes de entendimiento.

No se puede entender una vida sin conocer su historia. Por desgracia, cada amanecer cuesta mucho más comprender el sentido de las cosas. Por ello, más que vivir, a veces fenecemos bajo una manipulación perversa, muy sutil, que nos descoloca. Siempre hay alguien que te dice lo que tienes que hacer. Ya no existe el silencio para poder reflexionar. En todas partes hay ruido que te insta a batallar sin entrar en abecedarios del alma. Estoy convencido de que los moradores del mundo actual precisan otros lenguajes más del corazón para poder derrotar los egoísmos, nuestra personal decadencia. En demasiadas ocasiones damos de comer un alimento envenenado o hasta el mismo aliento nace contaminado por el revanchismo. Algo que ciega los ojos del entendimiento. Desde luego, deberíamos tomar otras posiciones más comprensivas con nuestros semejantes. Porque uno puede entender una situación con el intelecto, pero comprender en profundidad los hechos no es fácil, exige cuando menos leer muy dentro de nosotros. La mente ha de estar muy abierta para advertir el ser de las cosas. De lo contrario, no entenderemos nada y será difícil cimentar viaductos de lucidez para el discernimiento.

Considero que vivimos una época de tedio, en el que la rutina todo lo confunde y el aburrimiento se contagia. Nos han dejado sin pasión por la verdad, nos han coartado nuestros específicos desvelos y andamos, aparte de perdidos, atrofiados por tanta doctrina nefasta que nos distrae el pensamiento.

Edición Impresa

Viernes 31 de julio de 2026

Más leídas